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La proyección
 


Por medio del mecanismo inconsciente de la proyección, la psiquis profunda – el inconsciente - hace que ciertos aspectos de nuestro ser más vasto (los cuales, con frecuencia, son inaceptables para el ego) parezcan ser verdades objetivas, o bien, rasgos de lo que llamamos el mundo externo, el mundo “real”. No nos damos cuenta de que ha ocurrido una proyección de nuestro propio material interno. Pensamos que los acontecimientos y las personas son como los percibimos, y no nos damos cuenta de que hemos distorsionado la realidad externa por medio de energías inconscientes que influyen en nuestra percepción.

Cuando algo ha sido proyectado, lo percibimos como si realmente le perteneciera a otro/s. Tal como ocurre con el proyector de un cine, proyectamos sobre una pantalla externa una característica personal que luego parece existir afuera.

La visión es un fenómeno muy complejo que nos permite percibir internamente a los objetos y personas del mundo externo. El órgano que realiza este proceso es el cerebro, y la función del ojo es transformar las vibraciones electromagnéticas de la luz en impulsos nerviosos que se transmiten al cerebro. Dentro de nuestros ojos, el mundo está al revés: cuando una imagen atraviesa nuestras pupilas se invierte, y se desconoce el mecanismo que hace que la imagen vuelva a estar derecha. Además, en el punto de unión entre la retina y el nervio óptico existe un punto ciego, que carece de células fotosensibles; no obstante, a nivel visual no vivenciamos ese agujero.

Las imágenes que percibimos son modificadas y rellenadas por factores internos, y esto plantea un interrogante acerca de la naturaleza de la realidad que pareciera existir de manera objetiva, clara y obvia.

Cuando un patrón energético se encuentra activo en el inconsciente de una persona, y la realidad externa contiene un acontecimiento, persona o acción que se asemeja, aunque sea remotamente, a este patrón, el individuo proyectará el patrón inconsciente sobre la realidad externa. Obviamente, esto puede crear una distorsión en la percepción de la realidad externa, de la cual el individuo no es consciente. Esto nos permite comprender la causa por la cual las personas con frecuencia describen el mismo acontecimiento de maneras muy diferentes.

El dedo acusador es una técnica sumamente útil para recordarnos que ha ocurrido una proyección. Este es un concepto oriental sumamente antiguo. Cada vez que te des cuenta de que estás apuntando el dedo acusador contra algo o alguien —ya sea el gobierno de otro país, temas relacionados con las armas nucleares, la forma en la cual alguna persona se viste o se comporta, o como te sientes respecto de un adulto que abusa sexualmente de los niños—¡la mano que está apuntando tiene tan sólo un dedo apuntando hacia afuera, mientras que hay tres dedos que apuntan hacia ti! Este concepto es sumamente acertado, dado que la verdadera lucha con el material se encuentra fundamentalmente en los niveles inconscientes de tu propia naturaleza... y por lo tanto, más allá de tu percepción consciente. La reacción es la consecuencia de tu propia defensa contra tu conocimiento inconsciente de que aquello que estás enjuiciando, aquello que crees que es tan terrible allí afuera, es de hecho una característica, impulso, o patrón dentro de ti, que seguramente se evidenciará periódicamente en tu propia vida. Y en la medida en que permanezcas inconsciente de lo que está ocurriendo, la energía psíquica que gastas a fin de defenderte y continuar proyectando deja de estar a tu disposición para ser utilizada para tu transformación psicológica y espiritual.

Cuando expandimos nuestra autorrealización al retirar el material que proyectamos sobre la pantalla de la vida, nos damos cuenta de la razón por la cual los sabios se refieren a la realidad externa como un espejo de lo interno. Todo lo que se vivencia “afuera” tiene equivalentes internos.

La mayoría de las personas que busca evoluionar mediante la toma de conciencia de sus sentimientos reactivos —las formas en que reaccionan debido a la proyección sobre el mundo externo de sus propios aspectos no resueltos y repudiados— se sienten conmocionadas al descubrir que la intensidad de sus proyecciones es mucho mayor de lo que inicialmente suponían.

La vida es siempre el espejo de nuestra realidad interior.

(adaptado del libro Avalanche, de W. Brugh Joy, y de mi libro La Sombra. Cómo iluminar nuestros aspectos ocultos)


 

Alicia Schmoller 
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LA SOMBRA. Alicia Schmoller. Editorial Kier.

 
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