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Sobre los ascetas del desierto rajastaní
Seguidores del Señor Mahavira
Jainistas de la Secta Terapanth

En este proceso interminable de encuentros y separaciones con seres humanos
que andan por todo lugar del planeta, aquí estoy hoy, día
20 de febrero de 2005, cuando hace exactamente un mes que he llegado a
la India en mi cuarta ocasión y para una estancia de 6 meses y
medio. Estoy en un lugar llamado Ladnun en medio de Rajastan, estado de
la India que todo el mundo conoce por ser uno de los lugares más
típicos para visitar en el subcontinente, en parte, por cómo
viven los habitantes de aquí, sacando del desierto los alimentos
que buenamente pueden. También es famoso por las caravanas de camellos
y el colorido de los saris de las mujeres, los atavíos de todo
tipo sobre la cabeza y los tobillos. Lo más llamativo en los hombres
son los turbantes.
Hace cinco años vine a la India por tercera vez y para pasar sólo
un mes. En esa ocasión conocí algo de Maharastra, Gujarat
y escasamente Mount Abu en el sur Rajastaní. Allí tuve la
suerte de ver por primera vez a monjes jainistas que me sorprendieron
por su humildad y porque salían a las casas de alrededor de su
lugar de residencia a recoger alimento para ellos mismos. Ese mismo día
vi como jóvenes, futuros monjes, al llegar a su templo con esculturas
de Mahavira, realizaban unos movimientos alrededor de su cuerpo con unas
escobillas con objeto de evitar que al arrodillarse pudieran matar algún
mosquito.
En aquella ocasión, estaba acompañado por un SERVAS (miembro
de una organización de acogida y servicio extendida por todo el
mundo) de la India, y no me pude quedar cerca de aquel lugar que tanto
me atrajo. Sobre todo me sedujo, la relación tan respetuosa que
se mantenía entre un monje que estaba sentado en el suelo y dos
mujeres que venían a comentar o preguntar algo.
Al llegar a la India esta cuarta vez, mi primer contacto de SERVAS coincide
que es un swami de esta secta jainista Terapanth, a quien entrevisto para
expandir un poquito el punto de vista jainista, del que sabemos tan poco
en España y con el paso de los días me llego a enterar que
en medio del desierto de Rajastan hay una especie de monasterio, ashram,
en el que vive el gran Acharya Mahapragya de la orden, que está
rodeado de un “ejército” de monjes y monjas. Aproveché
que iba a venir un señor mayor Jain Nagendra desde Nueva Delhi,
apuntándome a venir con él y curiosamente resulta que era
jainista de nacimiento pero advaita (no-dualista) por elección
personal, que son los estudios a los que me dedico sobre todo. Me sorprenden
sus conocimientos y experiencia de la vida.
Entre las frases que me impactaron de él, puedo destacar la siguiente:
“Para disfrutar de la vida, tienes que ser un vagabundo”
Son ya 20 días los que he pasado por aquí, en este entorno
devocional y tras hablar con los monjes más representativos se
me invitó a que tradujera un folleto sobre la Meditación
Preksha. Ya había acabado la traducción cuando llegó
por aquí el señor que ha compilado el folleto que es en
esencia la enseñanza impartida por el Acharya mencionado.
He podido entrevistarle y voy a plasmar algunas de las ideas más
significativas de mi encuentro con él. Ranjit Dugar es un señor
laico que trabaja en Calcuta y por el país de la India en negocios,
como muchos de los jainistas que componen una comunidad pequeña
en relación a los habitantes de la India, pero que en conjunto
tienen fama de ser ricos y emprendedores. Actualmente está escribiendo
un libro sobre la meditación Preksha y también es el compilador
de un bellísimo libro que me regaló tras la entrevista que
le hice, titulado: “Find your spiritual centre”.
En el libro que está escribiendo explica que meditar no es sentarse
con las piernas cruzadas, cerrar los ojos y seguir una serie de pautas,
sino que es un estado de mente. En realidad, es una experiencia que no
podemos comunicar a otros, y que en la medida en que profundicemos podríamos
llegar a trabajar al nivel del alma, lo que podría a su vez hacernos
llegar a comprender que no somos el cuerpo, que no somos la mente ni la
psique sino que somos algo mucho más allá, y según
él, somos el alma. Nuestra alma está cubierta, al parecer
por partículas kármicas y en la purificación de nuestra
psique lo que hacemos es retirar de en medio estas partículas.
En realidad, uno no puede retirar esa capa kármica mediante conocimientos
o trabajo intelectual. Le expuse a Ranjit que tal como había estado
comprobando en New Delhi, la meditación que me transmitían
allí, estaba repleta de pasos a seguir en muy poco tiempo y me
veía zarandeado de un lado para otro de forma que no sabía
muy bien qué se pretendía con esas sesiones tan mecanizadas.
Ranjit, que es un hombre pacífico, de la hechura del famoso swami
Vivekananda, en las fotos en las que aparece con pancita, me responde
que aunque se dan todos los puntos de lo que se podría hacer en
una sesión de meditación, no se espera que nadie que esté
en sus fases de principiante, las lleve a cabo de buenas a primeras. Menos
mal, estaba empezando a pensar que mi mente se estaba haciendo perezosa.
Ranjit me consuela cuando me dice que cada etapa debiera ser trabajada
por espacio de 60 a 90 días. La verdad es que en ningún
sitio he visto yo escrita esta explicación y que de alguna forma,
tranquiliza mi preocupación ante el abundante material del que
consta la meditación Preksha. Si son 7 pasos a razón de
3 meses por etapa, nos acercamos casi a los dos años de trabajo
meditativo.
Jantri me consuela diciendo que mi comentario es muy útil, toma
nota en un cuadernito que traía ex profeso y acepta que los extranjeros
se encuentren algo más perdidos que los indígenas y me invita
a que sólo trabaje con uno de los pasos indicados.
Le quise también hacer saber a Jantri, que el primer paso consistía
en relajar el cuerpo estando en la posición de sentado sobre el
suelo, con las piernas cruzadas y que nos dirigieron diciendo: “relaja
los dedos de tu pie, relaja la planta del pie, tu tobillo, tus gemelos,
tu rodilla…” a una velocidad espantosa… dejándome
boquiabierto por la rapidez con la que se pretendía que esto ocurriera.
¿Lo consiguen los indios? No sé, pero desde luego yo no,
y sin embargo sí sé que uno puede relajarse estupendamente
por las relajaciones llevadas a cabo en el método Sivananda, tras
una sesión de Hatha Yoga. Jantri, que comprende mi dificultad me
explica que la relajación es la llave de la meditación y
que gracias a ésta se desarrolla el poder de recibir. Gracias a
las máquinas que miden las ondas electromagnéticas del cuerpo
y el cerebro se ha podido comprobar cómo en los procesos meditativos
estas ondas reducen sus ciclos por segundo. Sin la relajación,
nada es posible y se puede conseguir con autosugestión que trabaja
a nivel subconsciente. Llegado este momento le conté mi propia
experiencia meditativa en Sri Lanka y Yóguica en Sivananda hace
10 años, en esta última, tuve mi primera experiencia fundamental,
gracias a la relajación.
Ranjit me indica que una mente acelerada está enferma, que la mente
tranquila está sana y que una mente aquietada es una mente divina.
Me comenta que si trabajamos con rapidez nuestra mente tiene tendencia
a ser mecánica. Le pregunto a Jantri qué es lo que le ha
hecho interesarse tanto por la meditación Preksha y si es él
jainista, a lo que me responde que sí, que nació en el seno
de una familia jainista y que piensa que si las cosas siguen como van
por el momento, para el año 2015 el mayor causante de muertes en
el mundo no será el cáncer sino la depresión según
indica un informe mundial de salud.
Este comentario me sorprende pues no sabía yo que la depresión
pudiera ser un tema de interés en India, dado que la impresión
general que uno recibe aquí es que casi todo el mundo, a pesar
de sus dificultades económicas, mantienen una alegría especial
y son capaces de sonreír a pesar de encontrarse en situaciones
adversas. Claro está, la situación es muy distinta en los
países occidentales.
Para Ranjit la depresión está relacionada a una debilidad
del sistema inmunológico emocional. Se puede ser fuerte corporalmente
e incluso fuerte a nivel intelectual y fallar en el elemento emotivo,
que es el que trabaja con el amor, la compasión, la tolerancia…
todos ellos provienen de nuestra inmunidad emocional.
Los mismos psiquiatras lo exponen diciendo que una proporción altísima
de las enfermedades que padecemos son psicosomáticas. Igualmente
es espantosa la cantidad de personas que cada vez necesitan más
y más pastillas para dormir. Se impone por lo tanto estar cada
vez más fuerte a nivel emocional como en el físico y mental.
Le comentaba a Ranjit que conozco a personas en España que desde
hace años llevan adelante una práctica de meditación
diaria, que además asisten a cursos de meditación con cierta
regularidad y que sin embargo al convivir con ellas uno descubre lo poquito
que han desarrollado el poder de tolerancia hacia los demás, preguntándose
uno para qué tanta meditación, a lo que Ranjit me responde
que como me ha dicho antes, no se trata de sentarse con las piernas cruzadas
sino que es un estado mental en el que el estado de alerta es fundamental.
Estar presente en lo que estás haciendo. En primer lugar que exista
armonía entre el cuerpo y la mente.
Tenía curiosidad por saber por qué un hombre joven y rico
se interesaba tanto por la meditación y me responde que observaba
cómo su vida estaba siendo afectada por el estrés y que
empezó a practicar meditación descubriendo aspectos medio
mágicos para el hombre embrutecido que era, pero que en realidad
no son mágicos ya que todos poseemos esos poderes. Ahora Ranjit
se dedica a organizar talleres de meditación bajo las órdenes
de los monjes y monjas de esta institución. Ranjit empezó
a decirme los extraordinarios beneficios de la meditación, enumerándome
alguno de ellos que son los que yo he traducido en el texto que viene
a continuación, viniendo yo a indicarle que me parecía muy
comercial el sistema utilizado, más bien propio de quienes venden
productos, no pareciéndome a mí que fuera lo más
apropiado para hacer extensiva la necesidad de la meditación. Le
pregunté entonces si ese estilo era indio o tenía algo que
ver con influencia americana.
Le quería decir a Ranjit que si un médico recomienda el
Hatha Yoga y habla de sus beneficios a todos los niveles, me parecería
normal, pero hablar de la meditación como medio para conseguir
estar sin estrés e insistir sobre ello me daba la impresión
de que estábamos jugando con un elemento espiritual para obtener
resultados palpables a niveles consecutivos. Sin embargo, aproveché
para hablarle de que el mismo S.N. Goenka, que ha expandido el Vipassana
practicado en Myanmar por todo el mundo, acudió por primera vez
a un tipo de meditación budista para curarse de una migraña
rebelde que le traía loco, dando paso después a toda una
revolución en su personalidad que le hizo abandonar su vida de
comerciante y dedicarse por completo a la enseñaza de esta práctica.
Ranjit estaba de acuerdo conmigo y me responde que su intención
no es la venta de un producto sino que pretende ayudar a la gente a que
salga del “Dukkha” o sufrimiento y que desembarazarse de los
problemas que uno pueda tener no deja de ser mundano pues en efecto se
pretende dar el paso a estadíos más sutiles. Superar las
pasiones, estar por encima de aquello que me gusta o aborrezco. Ser capaz
de permanecer ante las situaciones como espectador. Dependiendo de hasta
donde lleguemos podríamos purificar la psique y quien sabe, si
llegar incluso a realizar el SER, o ATMAN o alma. Igualmente, llegar a
comprender que no somos el cuerpo, la mente, ni la psique, que somos el
alma. Todo esto es una cuestión de práctica diligente y
sostenida a lo largo de un tiempo. De hacerlo de esta manera se llegará
a obtener resultados que no se pueden poner en palabras y que corresponde
a cada cual el tipo de experiencia que tenga. A partir de ahí nuestra
relación con todos los seres humanos mejora extraordinariamente,
haciendo de ti una mucha mejor persona que aporta efectivamente al entorno
en el que uno vive. Si se pretende expandir felicidad, eso no se puede
hacer si no se siente esa felicidad personalmente. El aura de uno ha mejorado
y todo esto ha sido gracias a la protección de su maestro, Acharya
Mahapragya.
El Jainismo es de las religiones más antiguas existentes en la
Tierra aunque no tiene una representación numérica cercana
a otras religiones, siendo así que muchas personas en el mundo
ni siquiera han oído hablar de ella. Al preguntarle qué
le hacía estar orgulloso de su religión me responde que
pone de manifiesta valores eternos, como la No-Violencia. Y en efecto,
es extremada la manifestación de la no-violencia en el atuendo
de los monjes con esa tela con la que protegen su boca para evitar matar
con su respiración los organismos vivos que estén en las
cercanías de ésta. Tan asombroso como llevar a todas partes
una escobita amarilla con la que andan de un sitio para otro, no debiendo
desplazarse si no la tienen con ellos. Para mí, es una excepcional
manifestación de humildad, le digo a Ranjit. Lo que vemos en la
Televisión todos los días es gente que lleva en sus manos
un fusil pero no una escoba.
Estuvimos charlando sobre el tiempo que iba a pasar yo por aquí
en India y nos intercambiamos direcciones, me prometió entregarme
el libro al día siguiente pero luego estuve acompañando
a los trabajadores sociales y me fui a visitar uno de los pueblos de los
alrededores para ayudar a la gente a sea capaz de ayudarse a sí
misma. Algo así como lo que se hace últimamente en España:
invitar a que la gente se haga empresaria, pero claro está con
otros métodos y otros recursos.
Ranjit Dugar se desplaza todos los años desde Calcuta para el evento
en el que se revisa el Código de Conducta, que viene a ser una
introspección de la Comunidad al completo. De igual manera se pide
a la Comunidad de monjes y monjas que asistan a este evento si no viven
muy lejos ya que tienen que desplazarse descalzos.
Llevo varios días entrevistándome con unas monjitas a las
que les hago todo tipo de preguntas relacionadas con la filosofía
jainista. Llegado el momento apropiado me sentaré a poner en orden
muchas de las enseñanzas que de alguna manera no me habían
llegado hasta el momento. Es hermoso estar entre esta gente.
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