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Yoga para la vida y la realidad

 


El Yoga definitivamente está de moda en Occidente y en los tiempos actuales. Realmente hay una auténtica eclosión y el yoga se ha expandido en todos los lugares. Ya no solamente son unos pocos yoguis que intentan de una manera casi marginal dar a conocer los postulados milenarios del sistema yoga; aparecen cada vez mayores "entendidos" sobre el tema en cuestión, innumerables centros y escuelas de los "yogas" más diversos e inimaginables; ya no se reduce a unos pocos centros especializados sino que se pueden encontrar clases de yoga en centros culturales, estamentos sanitarios, gimnasios, asociaciones de vecinos, etc. Cualquier revista incluye de una manera u otra alguna referencia al yoga.

Esta moda del yoga tiene sus aspectos positivos en cuanto a que está más popularizado y más personas pueden conocer y acercarse a la práctica de yoga para mejorar su salud y su calidad de vida integral.

También es cierto que algo se pierde en esta expansión casi inimaginable hace unos 20 años: a veces se confunde el yoga y se reduce a una simple práctica corporal o gimnástica olvidando su esencia y profundidad.

Ya Herman Hesse tuvo una visión clara de este hecho cuando afirmaba que "si algo urge a occidente es la práctica del yoga".
Efectivamente nuestra civilización industrial y mecanizada nos ha aportado progreso material, mayor comodidad e higiene y unas mejores condiciones de vida en algunos aspectos; pero el precio a pagar es demasiado elevado en cuanto a la pérdida de contacto con la naturaleza, acumulación de estrés y ansiedad, pérdida de ciertos valores que nos conectan con lo esencial, etc.

Sería bueno un equilibrio y utilizar los avances científicos y tecnológicos al servicio de la sociedad y los individuos pero superando todo su bagaje alienante que produce un vacío existencial y sumerge al individuo en la depresión y la falta de sentido real de su propia existencia.

La proliferación del yoga da respuesta a los practicantes que encuentran serenidad y superación de sus propios conflictos internos y al mismo tiempo encuentran, en la práctica del yoga genuino, vivencias que los sumergen en una experiencia profunda de sí mismos y una conexión con el Ser y, por ende, la posibilidad de encontrar verdadera paz y felicidad.

Pero los practicantes de yoga tenemos que cuidar mucho que el yoga no se convierta también en un producto de consumo más y pierda su fuerza y autenticidad esencial.

Muchas personas ya confunden el yoga y creen que es una gimnasia más; otros preguntan si yoga y pilates son lo mismo, algunos le ponen el nombre de yoga a aquello que no tiene nada que ver con este sistema único y milenario y aparece el yoga egipcio, el yoga taoísta, etc... La palabra yoga vende (los publicistas lo saben y no es casualidad que en muchos anuncios aparezca algún modelo practicando asanas) y muchos la utilizan para comerciar con sus propias propuestas.

También en el otro extremo están los que hablan del yoga como algo pseudoespiritual que nos aleja de la realidad y se utiliza como evasión o escapismo; proliferan las imaginaciones demasiado fértiles que revisten el yoga de "angelitos", "duendes" y visiones superficiales que lo que hacen es alejarnos de la realidad, lejos de confrontarnos con ella.

Habrá que decir bien claro que el Yoga es para la VIDA y para la REALIDAD, para tener un conocimiento veraz y una sabiduría cierta de nuestra propia individualidad y del mundo que nos rodea, para recrear y transformar la Realidad, para una entrega sin condiciones a los demás seres colaborando a que superen su aflicción y sufrimiento y para que también puedan alcanzar verdadera Plenitud y Felicidad.

El samadhi no es un estado que nos aleja de la vida, sino una consecuencia de la misma, vivida conscientemente con la certeza de que todos somos parte de una misma Unidad y que lo que ocurra al otro es como si me ocurriese a mí mismo.
El samadhi no es un estado producido por una chispa convulsiva o una experiencia pasajera sino el Despertar de la Conciencia para que se abra a una nueva dimensión de la realidad afrontando y mejorando la realidad visible y abriendo las puertas a nuevas dimensiones más allá de lo ordinario o circunstancial.

Esta iluminación ya no es privilegio de unos pocos elegidos, sino un potencial y una posibilidad al alcance de todos los seres humanos. La vida deja de ser una carga y se convierte en algo sagrado que nos impulsa a experimentarla como un ritual que nos proyecta hacia la Verdad.

Todas las técnicas y experiencias del sistema yoga son medios valiosos que nos ayudan a alcanzar este estado de equilibrio y auto superación. Aunque la técnica es importante ya no se pone el énfasis de una manera obsesiva en la pureza de la técnica sino en los resultados que producen en el individuo de una manera auténtica y veraz.

La transcendencia se basa en la inmanencia. Lo espiritual se conecta con lo material y se integran como una misma realidad, entendiendo que lo material también puede ser espiritualizado, sobre todo si se pone al servicio de la humanidad.

Si este Yoga transforma nuestra realidad verdaderamente, todos los aspectos de nuestra vida mejoran y se desarrollan adecuadamente: nuestras relaciones, trabajo, salud...

En cierta ocasión me encontré a un conocido que hace tiempo que no saludaba. Me comentó que todo en su vida estaba revuelto: hacía tiempo que se había separado y que no veía a los tres hijos que tenía, en su trabajo tenía bastantes problemas, sus relaciones con sus amistades no estaban muy bien y un largo cúmulo de circunstancias que me relató.
A pesar de ello y, ante mi sorpresa, me comentó que se sentía muy bien. Le pregunté que como era posible que se sintiese bien y me contestó "HAGO TODOS LOS DIAS YOGA".

Me pidió mi opinión y, como había cierta confianza de tiempo, le contesté con cariño y franqueza: "Tú crees que estás haciendo yoga, pero en realidad lo único que estás haciendo es utilizar el yoga como evasión de tu realidad. Estás revistiendo de espiritualidad tu incapacidad de afrontar las cuestiones pendientes para tranquilizar tu conciencia. Te aconsejo que hagas menos asanas y que practiques el Yoga de la Vida y afrontes con entereza tu realidad mejorándola y no dejando cuestiones pendientes, especialmente las que afectan a tus seres queridos".

En otra ocasión estando en un centro de espiritualidad alguien me espetó: "voy a quedarme aquí porque el mundo es samsara". Le contesté:"¿Y quién te dice a ti que esto no es parte del samsara?". El mundo es algo maravilloso en el cual es un privilegio y un verdadero regalo estar. El samsara no es el mundo sino la actitud ignorante y engañosa hacia lo que vivimos. El samsara es la propia condición humana encerrada en la rueda de lo superficial y de la mente ilusoria, atrapada por el ego manipulador que bloquea la expansión de nuestra conciencia más luminosa.

Así que basta ya de pamplinas y de retóricas pseudointelectuales con respecto al yoga. Yoga es una experiencia acumulada por la humanidad durante miles de años (podríamos decir que el yoga empezó con el nacimiento de la vida en nuestro planeta) que actúa sobre el ser humano de una manera integral (cuerpo, energía, emociones, sentimientos, mente, espiritualidad), desarrollando todos estos niveles íntegramente en el individuo y unificándolos, al mismo tiempo que mejora la Vida y el mundo que nos rodea.

Yoga es una experiencia profunda de uno mismo conectando con nuestra potencial creador ilimitado.
Yoga es sumergirse en el silencio interior para conectar con el verdadero SER.
Yoga es considerar que como decía un místico sufí: "es mejor llevar la paz a un sólo corazón humano que construir grandes templos".
Yoga es más la sumisión y admiración ante la mirada de un ser humano que el atontamiento ante la presencia del iluminado de turno.
Yoga es saber que "Yo soy tú mismo", que no existe tú y yo, ni dentro o fuera, ni separación alguna de ningún tipo o bajo ningún pretexto de sexo, raza, creencia, cultura, etc.
Yoga es conectar con el SER esencial y desvelar los misterios de la propia existencia, alcanzando verdadera plenitud y felicidad.
Yoga es CONCIENCIA SIN FRONTERAS.




Juan Ortiz 
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Juan Ortiz
Director de la Escuela de Yoga Dhyana.
Estudioso del yoga durante 30 años.
Formador de Profesores de Yoga.
Colabora con distintos medios de comunicación y revistas especializadas.
Promotor de encuentros de diversas escuelas de yoga y representantes de corrientes espirituales diversas.
http://www.yogadhyana.com

 
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