Ir al página principal
   

Revista
Autores
Números


Copito de nieve

 


La conciencia universal se compara
con frecuencia al océano:
una masa fluida, indiferenciada.
Y la primera fase de la creación
correspondería a la formación de las olas.Una ola puede ser considerada
como una entidad individual,
sin embargo es evidente que
la ola es el océano,
y el océano es la ola.
No hay separación ni distinción...
La fase siguiente de la creación
sería una ola rompiendo contra las rocas
y evaporándose en el aire como gotas de agua,
que existirán en tanto que entidades individuales
durante un corto período,
antes de ser nuevamente tragadas por el océano.
Aquí tenemos momentos fugitivos
de existencia separada.Pero imaginemos ahora el agua evaporándose
y formando una nube.
(La sal se queda en tierra
para darle sabor a la vida, ¡Esse Salero!)
Ahora la unidad original se oculta
detrás de una verdadera transformación.
Hace falta algún conocimiento
para darse cuenta de que esta nube es el océano,
y el océano es la nube.
Sin embargo, al final, el agua de la nube se va a reunir
con la del océano bajo forma de lluvia.

La separación final,
en la que el vínculo con la fuente originaria
parece completamente olvidado,
se ilustra con un copo de nieve que
ha cristalizado a partir del agua de la nube
que, en su origen, se había evaporado del océano.
Tenemos aquí una entidad muy estructurada,
individual y separada,
que no implica, en apariencia,
ninguna similitud con la fuente.
(Por no hablar de los civilizados
cubitos de hielo, angélicamente
depurados, culturalmente
embotellados y moldeados,
congelados y disueltos
“in vitro”… ¡Chin-chin!).
Ahora hace falta un conocimiento más sutil
para reconocer que el copo de nieve es el océano,
y el océano es el copo de nieve.
Y, para reunirse con el océano,
el copo de nieve debe abandonar su estructura;
debe someterse a la muerte de su individualidad,
de alguna forma
(“¡Toy muet-to!”),
para volver a la fuente.
(Tal vez por ello algunos
Copitos-de-Nieve-Sapiens
inician sus rituales de cortejo
con conversaciones de este tipo:
“— Desde la primera vez que te vi,
intuía que ya nos conocíamos de ANTES.
(…)
—¿Cleo-Copa-tra?
—¡Mar-Copo-Antonio!”).



Necha 
Enviar correo
 
 
Ir hacia arriba
Revista
Autores
Números