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El proyecto de Mercy Center en Bangkok
Entrevista a Tew Bunnag



Podrías explicarnos la historia del Mercy Center. ¿Cómo empezó?

Hace más de 30 años, el padre Joe con quien trabajo fue enviado a los arrabales de Bangkok. Se instaló  en este barrio portuario pobre donde vivía una comunidad cristiana. En aquella época la comunidad cristiana era muy pequeña en Tailandia. En este barrio la mayoría de la  gente pobre eran  inmigrantes procedentes de países vecinos como Vietnam, Birmania, Laos, Camboya y también de otras provincias de Tailandia que llegaron aquí por motivos diferentes, a causa de la guerra en su país o buscando empleo. Se instalaron en este barrio como un primer paso. 

El padre Joe se propuso fundar un espacio educativo para los niños de las familias pobres y desarrollar una forma de educarlos. Sin embargo  se encontró  con  otros problemas asociados a la pobreza, las drogas, la prostitución, la violencia en las familias, etc. En esa realidad el padre Joe hizo algo valiente y siguió trabajando para ellos con poco apoyo de la iglesia.
Desde hace 15 años junto a los problemas de la pobreza llegó el problema del sida. La industria del sexo en Tailandia estaba desarrollándose cada vez más y debido a la ignorancia aumentó esta enfermedad y la gente empezó a morir.
Cuando yo empecé a trabajar con ellos este espacio era como un hospicio donde los niños y las personas afectados del sida venían a morir porque los hospitales oficiales rechazaban a estas personas, evitaban tenerlas. Las personas afectadas ocultaban su enfermedad por miedo a perder sus empleos y por el rechazo de la sociedad. Cuando llegaban aquí la mayoría estaban en fase terminal.

Posteriormente conectó con algunos budistas, musulmanes y personas benefactoras como mi madre que confiaron en su trabajo, le apoyaron con dinero. Con toda esta aportación y con el apoyo moral se fue consolidando su proyecto. Más tarde, un filántropo americano quedo impactado con ello y le ofreció un centro para desarrollar su proyecto y así fue el comienzo de Mercy Center.   
Anteriormente este lugar era un lugar de barracas y no tenia buenas condiciones higiénicas ni infraestructuras para cuidar a los pacientes. Pero desde que empezamos con el centro poco a poco las condiciones han mejorado mucho.


¿Cómo está la situación actual?

Hemos conseguido muchos cambios no sólo en el barrio también en el área metropolitana, en el campo y con la red de gente infectada en toda Tailandia. Estamos compartiendo las cosas que hemos aprendido y sobre todo hemos roto la base de la ignorancia de la enfermedad, trabajando con otras organizaciones, dando información a los hombres y mujeres que trabajan en la industria del sexo e informando cómo  protegerse de esta enfermedad. Hemos contribuido a nivel de educación con equipos de colaboradores que van a las escuelas, ayudando al cambio de las actitudes de las familias, de los dueños de las fábricas para cultivar la conciencia sobre esta enfermedad. Desde entonces la gente acude mucho antes en vez de venir a morir a nuestro centro. Lo importante es que ahora vienen a vivir.

Otra cosa que hemos conseguido es un programa de  visitas a las casas de los infectados. Hoy en día visitamos a 300 personas para darles apoyo, medicinas básicas y a entrar en el sistema de curación. Dentro del equipo hay personas VH positivas que han estado con nosotros y se han  recuperado bastante. Ahora hemos conseguido ofrecerles motivos para vivir y un trabajo aunque sea con un salario mínimo de alrededor de 5 euros por día, pero al menos están activos y con una actitud positiva que da sentido a su vida. Este programa tiene un resultado positivo. Es la posibilidad de vivir y la clave es la educación.

Los niños enfermos están en el centro porque la mayoría no tienen padres. Sus padres han muerto y ellos tienen infecciones que se complican, son niños sin defensas, muy vulnerables, niños traumatizados pues a veces han estado cuidando a sus padres. Lo que hemos conseguido es integrarlos en los colegios públicos, convenciendo a los directores. Esto ha hecho que cambie las actitudes de la gente y que los niños que cuidamos vayan al colegio y se les trate bien.

Estamos en contacto con las escuelas para que no sufran la discriminación por ser niños infectados del sida. Todavía hay mucha ignorancia en este sentido y había padres que tenían miedo que estos niños estuvieran integrados en las escuelas por miedo a que sus hijos se infectaran. En el campo aún no hemos conseguido romper esta discriminación y aún siguen habiendo niños maltratados y discriminados.


¿Cuál es tu trabajo en el centro?

Cuando empecé quería hacer algo básico: cuidar a los niños en general, cambiar pañales, hacer de enfermero, acompañar a los niños moribundos, lo hacía con mucho gusto. Pero después el padre Joe necesitaba ayuda y me pidió establecer otra manera de trabajar, al tener el nuevo centro seguí ayudando a mis colegas. A veces se pierden los ánimos en este terreno difícil y agotador y por tanto necesitamos hablar, hacer meditación juntos para darnos fuerza y seguir con nuestro trabajo.
Poco a poco mi trabajo se convirtió en consejero para visitar a empresas, convencer a la gente para abrirse. Ahora cuando vuelvo allí el trabajo que sigo haciendo es el de informar, buscar soporte, ayuda y subvenciones, entre otras cosas.

¿Enseñas Tai Chi  en el centro?
No enseño Tai Chi en sí, si no que aplico mi práctica cuando estoy con un moribundo, con su familia. En estos momentos duros se mueven emociones fuertes como la ira, la rabia, la negación. Lo que hago es que a través de la  escucha les ofrezco el espacio de silencio y les acompaño. Eso crea una confianza y solidez. Para mi es pensar en la misma vida, tanto cuando enseño Tai Chi como cuando estoy acompañando a estas personas en un momento tan doloroso, al final de la vida. Yo practico Tai Chi cada día para no perder mi centro y mantener mis defensas y buen estado. Cuando me encuentro con la realidad de la vida confirmo que nuestro arte es aplicable para ayudar a la gente y trabajar. Esto es el Tai Chi que hago en el centro. En este sentido me ha enriquecido.


Me gustaría preguntarte si tenéis nuevos proyectos.

Sí, siempre hay proyectos. El padre Joe se ocupa de conseguir fondos para gastos generales del centro como pagar el agua, la electricidad, la comida, etc. Yo ahora lo que estoy haciendo es buscar fondos para proyectos específicos. Por ejemplo, después del tsunami la gente que había perdido sus casas y barcos pedía ayuda. Hemos conseguido fondos para ayudarles.

El último proyecto es el de conseguir fondos para crear los depósitos de agua para la gente del sur. Con dos depósitos de agua, se recoge agua de la lluvia y una familia de 5 ó 6 personas sobrevive y puede tener agua suficiente. Otro proyecto es organizar unas vacaciones en el mar con los niños infectados para tomar el sol, salir de la contaminación, dar ánimo y que mejore su salud. También es conveniente para mis colegas que lo necesitan.

El año pasado hubo un gran incendio cerca del barrio, el fuego destruyó una zona importante. 200 familias perdieron sus casas y tenían que vivir en el puente, debajo de la autopista. Con el dinero que teníamos pudimos ayudarles y seguir adelante con este proyecto. Si visitas la pagina web de la fundación puedes ver los proyectos que hemos llevado a cabo.


¿Cuál es la ayuda real que se necesita?

Básicamente lo que necesitamos son fondos. El dinero recogido de aquí llega directamente a los proyectos específicos y las personas necesitadas. Después del golpe de estado en mi país todas las relaciones internacionales que habíamos establecido a través del  ministerio se han colapsado y ya no existen. Por lo que la ayuda que teníamos está totalmente bloqueada y no sabemos si con el nuevo gobierno van a darnos fondos. Desde entonces muchas veces hemos tenido dificultad de  pagar los gastos básicos del centro. En realidad el apadrinamiento de los niños es una ayuda muy eficaz para nosotros.

No me interesa solamente el conseguir fondos, sino que la gente que apoya y ayuda, mantenga una relación constante, como una forma de intercambio para compartir realidades entre unos países ricos y otros pobres. Mi hija Ulma cada año, en el día del trabajo, con sus amigas, hacen pasteles, pulseras y consiguen dinero. Es un placer para ellas participar en el mundo para el bienestar de los otros. La conexión internacional es un aspecto muy importante sobre todo para los jóvenes porque les ofrecemos otros modelos. Porque estamos en un mundo muy egoísta, centrado en la acumulación para uno mismo. Entonces puede ser un placer encontrar una manera para poder compartir y participar en el mundo.

Cuando estoy aquí no busco que todos colaboren  y apoyen a nuestro centro, pero sí que es verdad que mucha gente de la familia de Tai Chi está ofreciendo donaciones y apadrinan niños.
Estoy muy agradecido que colaboren con nosotros pero mi intención no es que  la gente que hace Tai Chi conmigo se sienta obligada a colaborar o donar dinero. Si quieres ayudar a otras organizaciones también está muy bien.


Hace años que te veo muy implicado en este trabajo. ¿No te cansas?

Sí, estoy muy cansado pero no puedo abandonar, sobre todo a los niños. Sí que puedo dejar los proyectos y no viajar demasiado, sobretodo ahora que he cumplido 60 años y me apetece más escribir mis novelas, pero voy a seguir implicándome en la manera que pueda. Para mi, todo forma parte de un  contexto total, lo que cobro de mis novelas, de los libros de Tai chi, una parte es para los niños. Pero sí, estoy cansado de viajar. Todo está muy unificado en mi vida, relacionado -al menos mientras tenga energía suficiente.


¿Para tu familia es un sacrificio también?

Siempre lo ha sido, para mi también. El sacrificio de no estar continuamente con mi familia es también el precio que tengo que pagar. Pero en un momento dado tenemos que saber qué significa el sacrificio. Por eso recordamos el concepto de nekamma, en la aplicación de las paramitas budistas, un sacrificio para vivir bien. No es un juego. Es un precio que hemos de pagar por el bienestar. El sacrificio es la realidad de nuestra vida.


Tanto en tus libros como en los cursos hablas de bodhisattva. ¿Qué significa ser bodhisattva?

Este concepto está en el fondo de toda la tradición de las artes marciales, conectar con tu guerrero o guerrera que hay dentro de ti, pero lo importante es el cómo vivirlo en la vida misma.
Estoy agradecido a la vida que me haya permitido en estos años la posibilidad de ofrecer mi práctica para beneficio de los demás. Esto no tiene que ver con la virtud, implica un contexto existencial, que para mi tiene sentido. Es decir, tiene una dirección en mi vida. Se puede vivir cuidando a tu familia con cariño, en cualquier situación donde estés, no es necesario ir a África o a Tailandia, es más bien vivir siempre pensando en el bienestar de los otros, en el bienestar del mundo.
Por ejemplo, los cuidadores, mis colegas, son bodhisattvas y me han enseñado el sentido de la humildad, ellos van con su sonrisa sin un momento de queja, te devuelven una perspectiva diferente. Así te das cuenta que tus quejas son, en comparación, ilusorias.

En general, trabajar allí ha sido una manera de aprender a ser más consciente de la práctica que tiene que ver con la esencia de la vida. Cuando salgo del centro y vuelvo a enseñar Tai chi, teniendo en cuenta lo que he experimentado, no hay dudas. Cuando hablo del amor, de la generosidad, no tengo dudas. Por ejemplo, ahora no siento que sea necesario preguntarse si hay continuación o no en la vida, mi realidad me ha dado la convicción de que el momento de la muerte es un momento muy intenso, pero que es un momento. Esto tiene que ver con la noción de impermanencia, en el budismo es lo que se llama dharma directo, y se ve con mucha claridad, no hacen falta muchas teorías, ni enseñanza, es el dharma directo y experimentarlo me ha servido.

 





Tew Bunnag
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