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Bicha
 

Nudos.

Mi verdad hoy es el dolor, un dolor que me desgarra cada noche, dos tres veces, un dolor que ya no puede más. Dos meses ya. No puedo sostenerlo, pienso hoy será su última visita y no, vuelve. Fiel a su hora y su modo. Pánico a dormirme. La bicha viene cuando descanso,

He aprendido a no gritar. Gimo. Me levanto, bebo, me mojo con una toalla húmeda, enciendo el ventilador, me siento, apoyo la espalda contra el cojín, doblo la pierna, bajo el cuello y me ayudo con una mano a sostener la cabeza sobre la rodilla doblada. Y empiezo, dedo a dedo del pie. Respiro en el entrecejo. Procuro céntrame en el dedo y en la presión. Procuro que el dolor no pueda más que mi lento movimiento. Procuro que el oxígeno llegue. Diez, veinte minutos bicha, todos para ti. Siento el nervio inflamado punzando el ojo y la mandíbula superior. Siento que hay algo bloqueando el aire, siento que presiona atrás, en la base del cráneo. Me levanto, presiono los dedos en una pelota, bajo el cuello, respiro. Me siento y empiezo con el otro pie. Acabó. Paseo hasta la cocina, mojo la toalla, lleno la jarra de agua, lloro y me acuesto. Dos tres horas bicha y volverás a tenerme.

Durante el día bicha me recuerdas que aún estás, el nervio punza suavemente, como una bola juguetona. La presión sigue 8-11, mareo. Ni pensar en salir a 40 grados, ni pensar en conducir, ni pensar en cocinar, conversar o reír. Estoy cansada. Estoy agotada. Estoy sentada. Intento comprender, cuando, cómo, qué hice antes. Te pongo trampas. Pero siempre puedes más y vuelves. Vamos conociéndonos, no te gusta la cerveza ni las comidas fuertes, no quieres saber nada de la siesta, no soportas los cambios: subir o bajar, frío o calor, no quieres que me vaya de viaje en avión, no disfrutas de un baño caliente ni tampoco del frescor de un río, no te gusta el ruido ni que me tumbe, te enfadas cada vez que un olor fuerte, tipo limpiacristales, se acerca a ti. La televisión y la pantalla del ordenador te enfurecen, y sin embargo he de acabar mi trabajo los ratos con energía, he de jugar con núria, he de responder al teléfono, he de organizar las mínimas cosas de esta vida que vivo. Soy una mujer ocupada... entiéndelo.

Sueño con leer, la noche era mi espacio vital secreto, de palabras e imágenes y músicas, y casi que me los has quitado. Era hermoso. Consigues enfurecerme y golpeo fuerte, me retuerzo. Llanto. He llegado a pedirte disculpas por dejarme llevar por un día tranquilo y permitirme unas aceitunas. Hay tantas comidas que desprecias. ¿Y qué pasa si me animo a bailar? ¿Qué pasaría si de pronto me pusiera a disfrutar de algo? ¿Si sintiera placer? ¿Te vengarás también? No te sulfures, no te preocupes, hace tiempo que no sé nada de todo ello...

¿Hay algo que quieras decirme cabrona de mierda? Sólo te resisto, aunque no te atravieso... Tal vez venzas y acuda al hospital en la próxima serie. Me tumbarán, me darán oxígeno e inyectarán morfina u otros similares. Así tantas noches como sea necesario. Me darán unas pastillas, me dirán vuelve a revisar los efectos secundarios una vez al mes, me dirán prueba con estas otras, y así seré ya declarada enferma y acompañada como una desgraciada más en esta maldita forma que tienes de hacerte presente. Y así podré decirle al mundo que no soy responsable de todo esto. Que abandono.

¿Pero sabes? Yo soy tu de una forma ya tan completa, que sería inútil intentar dejarte atrás. Míralo desde otro punto de vista, hace cinco años visité los infiernos y te traje a ti como regalo del inframundo. Mirar en ciertos lugares tiene sus precios. No lo elegí, no creas, fui empujada por un vendaval y me agarré como pude. Quizá de tanta fuerza que hice te quedaste así de crispado, nervio de mi corazón con tres patas, o quizá no entendí el mensaje, o sí pero me asusté. Tengo miedo corazón. Me he hecho mayor y tengo miedo. ¿Qué quieres? He de cuidar de los míos, y me asusta fracasar. Lo tengo todo controlado bicha, con cinco años de antelación... y ya sé que no... ¿no lo comprendes? He hecho tanto esfuerzo... y cuesta tanto dejar atrás la marca vital que te ha formado... los salvé a todos... uno a uno, los salvé porque fue la única manera de soportar la tristeza, o la soledad, o lo que narices fuera aquello. A veces dudo si eres ese esfuerzo, o si eres la culpa que no suelto, el perdón al que no llego, o todo el amor que no siento. O quizás, si eres esa memoria de belleza que guardo, de la inmensidad que habité, del misterio hecho paisaje en algún recodo de la piel. Conozco ese camino hermano nervioso de tres ramas, y aun así, el temor me impide ir. Pero, ¿y si esta vez fuera? ¿Qué más quieres? Soy nada, soy frágil, estoy triste, estoy conmigo... ¿qué más quieres? Ya no puedo castigarme más... ya pagué la deuda ¿no?

Tu no me gustas, es mejor que lo sepas. Pero ya que nos vivimos juntas, y contamos apenas con este espacio, te propongo ir hacia el silencio. Solo escucho ya, recuerda que no tendrás mi palabra. No lo sabes aun, pero algún día te diluirás y yo contigo. Te espero esta noche, bailaré contigo mi danza de los pies, respiraremos el poco aire de las noches castellanas, miraré arriba y poco a poco, nos soltaremos y en la madrugada, quizás no ésta, pero alguna madrugada, te arrancaré una sonrisa y estaré disponible para la vida. Antes de irme, seguro.

¿Lo ves? Puedo convertirte en literatura. Voy aprendiendo a convertir cada palabra en una sensación nueva. ¿Acaso no conoces mi legado? Estoy/estás aquí PARA, como canta Llach de un poema de Martí Pol, “convertirem el vell dolor en amor i el llegarem solemnes a la historia” (Martí Pol). El poema se llama “Ara mateix”, bicha, a ver si tomas nota.

 

Por Mar Marí
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