|
| La Mahaprajñaparamita |
El principio femenino y el principio masculino en el budismo |
|
0 El tema de esta tesis fue elegido debido a mi necesidad de discernir en mí misma los aspectos masculinos y femeninos en los diferentes niveles del Ser, para una buena integración de estos aspectos en mi propio proceso de despertar. La Visión Superior requiere el discernimiento e integración de los aspectos femeninos y masculinos de todo cuanto existe, para poder captar la pureza intrínseca de todo lo que Es. El otro objetivo de este estudio es presentar de forma somera el gran despliegue del Ser, en su dimensión trascendente, según la esencia de las enseñanzas de las diferentes tradiciones budistas. El leiv motiv en este desarrollo de las enseñanzas budistas es ver cómo la fuerza del deseo (“tanha” en sánscrito) es el impulso de la Inteligencia Creadora del Espíritu, y cómo este deseo se manifiesta, bien como la causa del sufrimiento, o bien como Bodaishin, la Realización de nuestra verdadera naturaleza de Buda.
En sánscrito “Prajña” significa Sabiduría, Visión clara; “paramita” significa cultivo de la virtud, o perfeccionamiento de la Prajñaparamita es, por tanto, el perfeccionamiento de la Sabiduría o Visión Superior. La prajñaparamita es la comprensión profunda, no conceptual, de la verdadera naturaleza de todas las cosas. Es la Intuición Superior, conocimiento sin esfuerzo, espontáneo y penetrante al mismo tiempo. Es la espada que corta las ilusiones, la luz clara que despeja las sombras, el fino discernimiento que disuelve la confusión. El proceso continuo de perfeccionamiento de la Sabiduría conduce a la realización de la LA MAHA PRAJÑA PARAMITA ó Perfección de la Gran Sabiduría. El Sutra del Corazón de la Gran Sabiduría, la quintaesencia de la Realización en el Budismo Mahayana, proclama que la verdadera naturaleza de la realidad es Sunyata. La Vacuidad no es “algo” ni “nada”, puesto que si así fuera dejaría de ser omnicomprehensiva y de estar presente en todo. Sunyata está más allá de las palabras y los conceptos; también está más allá de la experiencia; es la misma fuente de la experiencia. Es innombrable, inasible, incontenible, impensable, impronunciable, invisible, está más allá incluso de la negación, más allá de todos los “in”; o podríamos decir “más acá”, pues es más íntimo que la propia respiración. . . es justo lo que respira y late en cada impulso de este pensamiento, de estas palabras, de estos latidos. Es Vacío pleno de un inconcebible dinamismo creador, generador de fenómenos, creador de todo cuanto se manifiesta, y en el que se disuelve toda manifestación. Es el Poder Cósmico Fundamental. Y también es el Puro Espacio sin Límites. El sutra de la Gran Sabiduría manifiesta que Sunyata es fenómeno, y que los fenómenos son Sunyata. La plenitud de Sunyata se manifiesta en los fenómenos, y éstos manifiestan la insustancialidad de sunyata. El reconocimiento de esta relación es la liberación. La dualidad fenómenos ¡Vacuidad es trascendida en la mente del practicante cuando realiza la MahaPrajñaparamita, la Perfección de la Gran Sabiduría. El Buda Sakyamuni transmitió la esencia de esta realización haciendo girar, en silencio, una flor entre sus dedos. ¡Qué Misterio! Mahakashyapa comprendió. Para comprender esto es necesario que la Apertura incondicional e infinita haya convertido en Puro Vacio todos los karmas que alentaban hasta ese instante en la Conciencia, y ahora solo existe el Silencio atronador de una margarita girando entre los dedos del mundo. La Gran Sabiduría surge de Sunyata. La Realización de la naturaleza de todo cuanto Es, surge cuando se comprende íntima y profundamente: que la naturaleza de todo cuanto existe es Vacuidad, que todo surge y desaparece de esta Fuente Incondicionada e Inconcebible, Espacio Inconmensurable e Infinito y cuya realización es la Verdadera Libertad. Para que la Gran Sabiduría de abra paso en la mente del practicante, es necesario que intuya poderosamente Sunyata. También es necesario que reconozca cual es la dinámica de la existencia de todos los fenómenos, constatando su impermanencia, su insustancialidad, y su interdependencia, constatando también las causas que condicionan su surgimiento y su desaparición, y finalmente realizando que los fenómenos no surgen ni desaparecen. De alguna manera también la Gran Sabiduría surge cuando se realiza, gracias a la observación penetrante, la dualidad fundamental que engendra todos los fenómenos: La plenitud de la Realidad culmina en cada instante, en todas las dimensiones y direcciones del Cosmos, cuando el Principio Femenino, el vacío uterino Cósmico, es alcanzado por el Principio Masculino, la ley cósmica que rige todo el despliegue fenoménico de todo cuanto existe. Es decir, cuando en la ilimitada vastedad del espacio, silencio insondable infinita apertura a toda posibilidad, pura quietud y receptividad, vacuidad fértil, plena de potencialidades, completa aceptación, surge el Misterio de la creación a partir de la Inteligencia Creadora del Universo, la cual in-forma y estructura la realidad según el Orden Fundamental, la cualidad luminosa del Universo. Por lo tanto, la unión extática de ambos principios, en la quietud fundamental de la naturaleza de la Realidad, disuelve toda causalidad de manifestación existente. Y este es el Completo y Supremo Despertar: cuando la culminación del principio femenino de Sabiduría da a luz el principio masculino de Compasión. Por eso se dice que la Mahaprajñaparamita es la Madre de todos los Budas
Para que la Gran Sabiduría resplandezca en la mente del practicante, éste debe cultivar y perfeccionar la Prajña, la Sabiduría, hasta disolver con la luz de la conciencia los oscurecimientos que impiden experimentar conscientemente la Plenitud del Ser. La tradición budista es inmensamente fértil en medios hábiles para conducir al despertar de la mente del practicante. También posee una cosmogonía profundamente compleja y sutil para abordar, desde la mente conceptual lo que es inconcebible. Y esto, también, como un eficaz medio hábil. Así, el Buda Sakyamuni formuló, Las Cuatro Nobles Verdades: Y el Noble Óctuple Sendero: No vamos a desarrollar en este estudio somero estos fundamentos doctrinales de budismo, solo los enumeramos para enmarcar adecuadamente las enseñanzas recogidas a continuación y que constituyen las enseñanzas surgidas de la Visión Justa, el fundamento de la prajñaparamita, sin cuya realización no es posible liberarse del sufrimiento. Tradicionalmente el budismo nos enseña que los obstáculos que impiden que experimentemos la existencia libre de sufrimiento son fundamentalmente tres: El apego, el rechazo y la ignorancia Estos obstáculos son llamados Tres Venenos, y constituyen uno de los fundamentos doctrinales del budismo. Avidja, la ignorancia, u oscurecimiento, es el origen primero de todo sufrimiento. En la manifestación, o creación, de nuestra existencia (y en este plural mayestático incluimos a todas las existencias del Kosmos) se da una característica que da lugar a la experiencia de sufrimiento. Es el oscurecimiento u “olvido” de nuestra verdadera naturaleza, en la cual nada está separado de nada, puesto que Todo es Sunyata, Un Solo Sabor. Sin embargo el hecho mismo de existir como una manifestación aparentemente separada del resto de las existencias nos genera un impulso, un movimiento (karma). Esta tendencia, que en el budismo se la califica como una “sed” se genera en lo más profundo de la mente y tiene su correspondencia en cada uno de los niveles del ser, desde el nivel más sutil hasta el más denso o material. Este impulso, que en el budismo se llamó tanha, tiene como objetivo preservar la existencia individual, obtener y restaurar, si se ha perdido, la experiencia de la existencia. Este impulso es tambien el origen del yo que se cree separado de su propio origen y por ello da lugar a la formación de los cinco agregados (skandhas) : la forma, las sensaciones, las percepciones, el pensamiento y la conciencia. Este impulso nace de las dos tendencias fundamentales de la vida: el impulso de contracción o unificación y el impulso de expansión o diferenciación. Nuestra existencia es pulsátil, en cada instante, estas dos fuerzas son antagónicas y al mismo tiempo tan complementarias que la existencia no se da sin que ambas fuerzas interactúen, dando lugar al dinamismo de la existencia. A su manera, en éste ámbito, podríamos decir que ambas fuerzas se corresponden con el principio masculino y femenino, en el sentido de que el principio masculino se corresponde con el impulso hacia la diferenciación, hacia el crecimiento, hacia la asimilación, las nuevas formas, la transformación, el movimiento centrífugo, la acción, el cambio. El principio femenino, en esta dimensión, se corresponde con el impulso hacia la condensación, la conservación, la preservación, la nutrición, la pasividad. El equilibrio entre estos dos principios genera armonía en el ser. Por el contrario, cuando se produce una fijación en la una o en la otra tendencia se genera un desequilibrio en la experiencia de la vida: bien hacia el anquilosamiento y la densidad, bien hacia la dispersión y la inconsistencia. Tanha se manifiesta, de acuerdo con esta naturaleza pulsátil, en dos impulsos • El apego. El deseo, o tanha, es la sed que se manifiesta en la necesidad de perpetuar el ego, o principio de individuación, y de satisfacer los impulsos que nacen de éste, como consecuencia de las actividades sensoriales y de la conciencia. Si el deseo es satisfecho aparece el apego. Podríamos identificar el apego como característica del principio femenino receptivo, ya que se caracteriza por la pasividad, la conservación de lo ya conocido, la receptividad. Si el deseo no es satisfecho, éste se intensifica y aparece el rechazo hacia cualquier impedimento que obstaculiza la satisfacción del deseo. Nace así una energía destructiva que tiene como objetivo eliminar el obstáculo. Es el principio masculino de acción incursiva, pues se caracteriza por la agresividad, la fuerza desplegada en curso de acción, la transformación, la destrucción del obstáculo. (Cuando el ego evolucionado ha elaborado tanto su nivel de deseo que el mismo tiene que ver con su propia naturaleza, es decir, el deseo de controlar incluso la iluminación, el ego, al frustrarse irremediablemente en este deseo, genera una actitud destructiva hacia sí mismo, como camino hacia su propia disolución. Pero este camino solo genera un sufrimiento intensísimo. Este es el drama del ego espiritual) La fijación del principio de individuación, su anquilosamiento, en uno u otro impulso, ya sea de apego o de rechazo, ya sea de contracción o de expansión, genera desequilibrio y sufrimiento. En definitiva, nutre avidja, ignorancia de la propia naturaleza, que a su vez es su propio origen, alimentando así la rueda sin fin del sufrimiento.. Es el “olvido” de nuestra propia naturaleza lo que genera la “sed”, el deseo. Y al mismo tiempo esta sed, este deseo, alimenta la ignorancia, el oscurecimiento, el olvido de nuestra naturaleza diamantina. Es una espiral que se retroalimenta. Estas son las condiciones que conforman el principio del devenir de la existencia, o ley del Karma. Es el flujo incesante de elementos mentales y corporales; nacimiento y muerte, dos caras de la misma moneda. • La inversión del soporte. La llamada del Ser a su propio Ser. Sin embargo, este impulso de deseo se origina en la unica fuente real de toda existencia, y por lo tanto, tambien puede ser iluminado por ella . Cuando el deseo es iluminado por el Dharma , por la cualidad luminosa de la Mente, éste impulso se reorienta, se dirige hacia el centro de su naturaleza y encuentra su propia Fuente, generando una energía de fusión nuclear que irradia Luz de Amor y Sabiduría. Es la Mahaprajñaparamita. Es el encuentro entre el principio femenino (mundo del deseo) y el principio masculino (mundo de la forma); y de este Encuentro surge el Silencio , pura quietud extática, pura irradiación de Amor y Paz, Pura Ecuanimidad (mundo de la no forma). Tanha ya no es experimentado como una fuerza que genera sufrimiento, sino como la energía creadora del universo. Tanha no se experimenta desde la necesidad o la carencia ontológica de ser, (que busca fuera de un sí mismo separado lo que necesita), sino que se vive como el poder creador manifestando sus creaciones desde la plena identificación con el Si Mismo Cósmico. Y esto es lo que ocurre cuando el Dharma ilumina la mente autoconsciente y disuelve la creencia en un yo separado, este es el poder de la Compasión. Entonces, en medio del Vacío Silencioso sin Límites, se desactiva la polaridad apego-rechazo en el momento en que va a surgir o ha surgido. Y puede orientar la energía potencial que surge hacia donde el ser, plenamente libre ya, decida. Y esto sucede en el Único Instante posible. Es decir en un Ahora infinito y eterno. Sin embargo, en el Misterio que nos habita se suceden instantes tras instantes. Por ello se presenta el camino de la perfección de la Gran Sabiduría. Ésta es la Visión Superior, la Prajñaparamita; es la perfección de la Sabiduría, que tiene lugar cuando la Compasión late y alienta en cada impulso del ser. 3 Los principios masculino y femenino surgen de la Madre No Dual, la Madre Prajna Paramita. ¿Cómo se hace la transición entre el espacio y la originación de la sílaba semilla?: A partir del espacio de la mente primordial, la Madre PrajñaParamita, algo acontece; la misma inmensidad del espacio induce a que algo ocurra. Trungpa Rimpoché hablaba de este espacio exterior en el que no hay punto de referencia, solo una inmensidad profunda, oscura e ingrávida. Si solo hay inmensidad no hay nada con qué medirla. Y as la misma inmensidad induce a que algo ocurra, invita la posibilidad de que algo aparezca. Esto es el principio E, la esencia de la Madre Prajnaparamita y la esencia de ying o espacio. “El Aliento de la Dakini”, de Judith Simmer-Brown, 149-150 La tradición budista vajrayana es muy rica en símbolos de género. La dualidad puede representarse como la manifestación del ser en la que todas las cualidades iluminadas están presentes, simbolizadas por el aspecto femenino y el masculino juntos, en unión extática. Las cualidades intrínsecas de los principios masculino y femenino se convierten en símbolos que ayudan al practicante tántrico a desarrollar la mente despierta. Discernir sobre los aspectos masculino y femenino de la realidad forma parte de la Visión Sagrada o superior. Es la práctica de percibir la pureza intrínseca de todo en cada circunstancia. Por eso, en la tradición budista tántrica la visión sagrada, o superior, requiere que tanto el aspecto femenino como el masculino sean venerados en la práctica ritual. Así, en la realidad convencional las cualidades femeninas son las de la encarnación, procreación, sustento, nutrición y vínculo. Las cualidades masculinas son la cultura, la organización, la acción estratégica, la protección. Las cualidades de lo Femenino Despierto encarna la Visión Superior, la Sabiduría. Las cualidades de lo Masculino Despierto son los Medios Hábiles, la Compasión. El practicante del Dharma del Buda, en su proceso de despertar, debe primero desarrollar los aspectos del principio femenino , a saber: la contemplación, la receptividad, el “vacío” , el santo olvido de sí mismo, para poder generar visión superior, sabiduría y poder después llevar a la acción la mente iluminada, desarrollar los medios hábiles (Upaya), la Compasión, que son aspectos propios del principio masculino. En el budismo tántrico, la simbología de la Mahaprajñaparamita, aunque se la llame Madre, está más allá de la dualidad masculino/femenino. El simbolismo del principio femenino o Gran Madre Prajñaparamita no es algo que complementa, y por lo tanto difiere, del principio masculino, sino que es la dinámica particular en la que la conciencia, se despliega y transforma hasta su despertar último, desde la experiencia espiritual subjetiva del practicante (tántrico), sea hombre o mujer. Es una experiencia personal de reconocimiento profhndo de la no dualidad, y por ello es una experiencia absolutamente trascendente en la que la Madre prajñaparamita resplandece en la mente del practicante en su cualidad quintaesencial, clara y radiante. En este sentido la Madre, el principio femenino último, simboliza este espacio-estado realizado, plenamente despierto y luminoso. La Madre, en el vajrayana, tambien se denomina la Reina de las Dakinis pues ella es la que gobierna el Reino del Espacio. Es suprema entre todas las dakinis porque está más allá de cualquier atributo, más allá de cualquier punto de referencia relativo. “Ella” está más allá del género. No obstante, debido a sus poderes engendradores, que dan a luz a todos los Budas y Tathagatas, se la llama Madre. • La dakini La dakini, es un complejo símbolo del budismo tibetano que se desarrolló a partir de la tradición india y que asimiló de modo singular las perspectivas budistas sobre la naturaleza de la mente y el camino hacia la realización. La dakini representa la sabiduría fundamental, la esencia de la mente, la Prajñaparamita. La dakini no atañe a las mujeres o al género, sino al poder de realización de la Vacuidad para transformar los intereses egoicos en iluminación. Los practicantes tántricos desarrollan devoción hacia la dakini y la invocan para orientar su práctica hacia la Gran Sabiduría. En las concepciones tradicionales tibetanas de la dakini ésta representa las revelaciones más profundas de la meditación tántrica. No es propósito de este estudio somero profundizar en el origen y en la simbología de la dakini, sin embargo vamos a servirnos de algunas de las nociones de su simbolismo para ilustrar la visión vajrayana de la naturaleza de la Realidad y de esto que llamamos Mente o Conciencia. Así pues, la dakini es símbolo de la manifestación fisica de la verdadera comprensión. Representa el aspecto cognitivo superior o intuición, el dinamismo energético, la vacuidad gozosa y la esencia primordial de las enseñanzas más sutiles y profundas del budismo tibetano. Es el símbolo del despertar de la conciencia. Pone de relieve la inteligencia pura del espacio (La Gran Sabiduría) las cualidades de sabiduría de lo femenino. La dakini y el cementerio Su cuerpo es representado bello y voluptuoso, desnuda y adornada con fragmentos de hueso, copas craneales llenas de sangre, y cabezas en estado de putrefacción, mostrando su relación única con la encarnación, con el “ser” hecho cuerpo, tanto vivo como muerto. Sin embargo, ha trascendido el miedo a la muerte y exhibe audazmente la actitud de “Un Solo Sabor”. Lo que sus devotos veneran no es su cuerpo desnudo y su belleza sensual; están fascinados por su sabiduría. “La dakini muestra el paisaje en el que la lógica desesperada de la dualidad se desintegra. En este cementerio la belleza no es rival de la fealdad, las polaridades se han desmoronado y en la mayor devastación se descubre la mayor felicidad. Este es el poder de la dakini que baila “. “El cálido Aliento de la Dakini” O, dicho de otro modo, la danza de la sabiduría o prajña es lo que permite ir más allá de los impulsos de apego o rechazo y reconducir el impulso dinámico de la existencia hacia la propia naturaleza interior. La dakini, símbolo de la sabiduría coemergente Dado que la naturaleza de todo fenómeno, pensamiento y experiencia es Vacuidad, Luminosidad, infinitud, es la Madre No dual, todo lo que de Ella emana tambien tiene su misma naturaleza., incluida la confusión y la sabiduría. El principio de la dakini es reconocer que, cuando surge una profunda confusión o trastorno, simultáneamente aparece también la claridad que permite cortar ese estado de confusión y desconcierto. La manifestación de esta sabiduría (coemergente) es el calor llameante. El fuego constituye una de las imágenes predilectas de la tradición vajrayana a la hora de describir la angustia mental. A través de la práctica, bajo la guía del maestro, aprendemos a que la sensación abrasadora que experimentamos se convierta en nuestro mejor aliado y en una bendición para el despertar. Esto significa que, cuando surge la intensidad de la pasión ( sea cual sea) resistimos la tentación de rechazarla y/o de evadirnos; en su lugar, nos abrimos a ella y permitimos que nos abrase y que nos despierte más y más. Siempre que hay calor, hay confusión dolor, pero también se haya presente la sabiduría. La aparición arquetípica de la dakini En la tradición vajrayana, si la dakini aparece en visiones o sueños en su aspecto de acción, se dice que lleva a cabo las actividades de la sabiduría, para eficacia y beneficio del practicante. Aparece ante el practicante reflejando sus engaños, estimulando y activando su práctica de meditación. Puede aparecer en formas dóciles y apaciguadoras, inspirando apertura y afecto y eliminando la necesidad, la depresión y la desesperación. También aparece en formas que enriquecen la dignidad y la presencia del practicante, inspirando confianza para la continuidad del desarrollo de las cualidades del estado despierto. Si los obstáculos persisten también puede aparecer magnetizando al practicante para intensificar su aspiración hacia el estado despierto y favorecer el abandono de los oscurecimientos que obstruyen su desarrollo. Si aún así persisten los obstáculos la dakini se presenta en su forma airada y aterradora, destruyendo lo que ha de ser destruido; su espantosa apariencia tiene el efecto de detener en seco la conceptualización y también aterroriza la arrogancia hasta someterla. La aparición de la dakini tiene lugar en importantes coyunturas de la vida del practicante, cuando un cambio de algún tipo es inevitable, ya sea por nuevas condiciones en su vida o porque el proceso de maduración hacen posible un cambio personal. La aparición anuncia los cambios, los provoca, o facilita las condiciones para que se resuelvan de manera propicia para el proceso de despertar. En este sentido la aparición requiere que las pautas habituales de arrogancia y conceptualización del practicante esten suspendidas y que las puertas de la percepción se abran a la conciencia desnuda. Ha de ser una experiencia inesperada e incluso conmocionante: ella, la dakini, es el símbolo de la espiritualidad más profunda, de su inspiración y, particularmente, de la realización directa de la Vacuidad y la Luminosidad. Si la aparición tiene lugar en sueños, éstos tendrán una cualidad inequívoca de intensidad y capacidad de impresionar fuertemente al practicante, distinguiéndose claramente de los sueños ordinarios, que no son sino una elaboración del psiquismo del practicante. Las visiones, en cambio, tienen la cualidad de transportar al practicante a un estado de “rapto”, en el que , una vez concluido, el sujeto no consigue aclarar la naturaleza de la experiencia, no sabe si ha sido un sueño o realidad, es decir, tiene dificultades para integrar la experiencia en su continuum mental. A veces, en lugar de manifestación visual, puede darse una manifestación a nivel auditivo, entonando una melodiosa canción o susurrando mensajes al oído. En terminología de Ken Wilber, ha tenido una experiencia cumbre de emergencia puntual en el reino sutil y luego ha regresado a su estado de conciencia ordinario, o estabilizado. Uno de los retos más importantes del practicante es saber reconocer e integrar los contenidos tan importantes para su desarrollo espiritual que le proporciona la dakini de sabiduría. No tomarlos en consideración, y no conducirse en la vida atendiendo estos mensajes puede tener efectos involutivos en el desarrollo del practicante. La aparición típica de la dakini es en “visiones”, pero tradicionalmente se cuentan tambien las apariciones de Ella en forma humana, “tomando” un cuerpo puntualmente o bien, actuando a través de mujeres de las más variadas formas y condición social. De este modo, también la forma en la que interviene la dakini en el proceso espiritual del practicante es a través de bendiciones hechas cuerpo (material): con su propio cuerpo y con su aliento vital, esencia del cuerpo sutil. Una buena ilustración de esta tradición de aparición de la dakini es el final de la película “Samsara”, en la que la aparición repentina de la esposa abandonada por el protagonista da lugar a su experiencia de iluminación. Tradicionalmente las dakinis entregan su propio cuerpo como ofrecimientos, ya sea entregando pedazos de él, o también otorga la bendición de su propio cuerpo a través de la unión sexual. La pasión de la dakini es una trasmutación de la pasión sexual ordinaria en fuego espiritual, y por tanto su pasión es la pasión por la Realización, y su bendición despierta una pasión similar en sus protegidos. El consorte de la dakini Una forma de representación es el heruka-yab, el Padre Chakrasavara: posee un aspecto semiairado y es indestructiblemente confiado, una presencia sólida y llena de bondad penetrante. El heruka es una deidad masculina, apacible o airada que en el tantra tibetano representa la dinámica de la Compasión y de los Medios Hábiles. El heruka, que literalmente significa “bebedor de sangre”), es la personificación de la presencia del principio masculino, semejante a una montaña, con sus sierras dotadas de cualidades de fuerza, vigor y suavidad. Su naturaleza está más allá de causa y efecto, de la existencia y de la dualidad convencionales. Es la expresión última de las cualidades radiantes, carentes de entidad, de la mente. El heruka y la consorte son el símbolo de la unión indestructible de la sabiduría y de los medios hábiles, uniendo la agudeza de la Visión Superior con la expansiva irradiación de la Compasión, comprometida espontáneamente en el beneficio de los seres. Al unirse estas dos cualidades se convierten en el héroe quintaesencial, un bodisatva sin ego, un guerrero de la compasión. Como expone el Tantra de Hevajra: “El yogui es upaya y compasión, la yoguini es (sabiduría y sunyata) la liberación de causa y efecto. La ausencia de distinción entre Sunyata y Compasión se llama Bodichita”. • La relación del aspecto femenino y el aspecto masculino en el budismo tántrico En última instancia, en el nivel causal, la mente no tiene género sino conocimiento superior y medios hábiles, entrelazándose en todas nuestras experiencias. A nivel del cuerpo sutil todos los seres humanos tienen canales energéticos por los que circula el prana, la cualidad sutil de la respiración, de cualidades masculinas y femeninas que se entremezclan y que, en la meditación, pueden reunirse en el canal central no dual. El cuerpo fisico expresa, siempre, las cualidades presentes en el cuerpo y la mente sutiles. Estos tres cuerpos son interdependientes. Tanto las cualidades femeninas como las masculinas son inherentemente positivas, despiertas y beneficiosas, pero debido a la ignorancia, y a las pautas habituales de apego y rechazo, estas cualidades pueden manifestarse de modos dolorosos. Por ello, la práctica del despertar requiere el discernimiento de los aspectos masculinos y femeninos del ser para crear una dinámica de fuerzas que permita disolver la ignorancia y los obstáculos derivados del apego y del rechazo. Desde la perspectiva sagrada del vajrayana se consideran el cuerpomente de las mujeres encarnaciones emanadas del principio de la Vacuidad y la Sabiduría; por lo tanto, el practicante tántrico está obligado a ver a todas las mujeres como dakinis. A este respecto, cualquier practicante tántrico, tanto hombre como mujer, que guarda los preceptos vajrayanas, especialmente el de la práctica de los “yidams” femeninos, también está considerado como una dakini encarnada. Los practicantes tántricos, mujeres u hombres, se consideran a sí mismos como la dakini cuando se adiestran en ciertas formas del yoga del gurú. Esta es la práctica devocional por excelencia, en la que el practicante se identifica con el principio de la dakini (o principio femenino de sabiduría) y cultiva la devoción, el despliegue emocional, hacia la personificación de las cualidades de lo masculino despierto que encarna su maestro o maestra. Se considera al gurú, en este caso, como la emanación encarnada del heruka , la deidad Chakavarana, la personificación de la Compasión Radiante, el principio masculino del budismo. El es la manifestación de la gran compasión hacia todos los seres que utiliza todos los recursos a su alcance para ayudarles a liberarse de la experiencia del sufrimiento. Así es también como deben verse a los hombres en general, como emanaciones encarnadas del principio del Corazón Radiante y Compasivo. Cuando el practicante, tanto hombre como mujer, cultiva el principio masculino de los medios hábiles y la compasión, debe ser considerado como el heruka encarnado. La práctica vajrayana incluye el yoga del cuerpo sutil, en el que el practicante profundiza en las cualidades energéticas del ser y las cultiva mediante perseverantes ejercicios practicados en soledad. En esta práctica los aspectos masculino y femenino se identifican con los canales energéticos que serpentean a cada lado del canal central (la contraparte psicofisica de la columna vertebral) y cuyos extremos superiores se corresponden con las fosas nasales. A través de ejercicios muy determinados con la respiración, estos canales laterales se unen finalmente en el canal central. Con esta práctica yóguica se unen las dualidades de lo masculino y lo femenino reuniendo la energía masculina de la coronilla de la cabeza con la ardiente energía femenina de los canales inferiores (vientre). Esta unión se representa mediante el abrazo del heruka con la dakini. Juntos simbolizan la experiencia del Gran Gozo, la unión experimental de la Sabiduría penetrante y de la Compasión Radiante. De este modo se eliminan los obstáculos al Despertar. La relación conyugal tántrica está considerada como una oportunidad particularmente rica para que ambos consortes desarrollen la Realización. La intimidad de la relación proporciona el ambiente para compartir la sabiduría. La práctica del yoga sexual une la meditación y la encarnación fisica de una forma muy directa. Tambien los detalles domésticos proporcionan un excelente escenario para la enseñanza directa del dharma. Veamos las diferentes dimensiones de la relación: Aspectos Psicológicos y emocionales El conocimiento superior o prajña, tal como se manifiesta en las vidas de las mujeres, es una energía sutil. abarcadora y muy inteligente, una especie de agudeza o sensibilidad. En su naturaleza básica es conciencia pero en la vida cotidiana se manifiesta como una sensibilidad que puede ser muy intensa y caliente, relacionada con la emotividad. Esta sensibilidad es más fiel a la dinámica que al contenido. Esto significa que las mujeres tienen una elevada capacidad para identificar los problemas y penetrar en ellos, sin aferrarse a los resultados. La sensibilidad de la intuición de las mujeres puede ver la injusticia, la sutileza emocional, la dinámica interpersonal y los significados ocultos; cuando hay desequilibrios y defectos en entornos específicos, las cualidades agudas y penetrantes de las mujeres pueden identificarlos y ajustarlos. Esta emotividad puede ser tambien muy cálida, generando compasión y atención hacia los demás. Esto se manifiesta en la necesidad de atender las relaciones, y de establecer la comunicación emocional con los demás, especialmente con los seres o las cosas que ama. Sin embargo cuando se da rienda suelta a una sensibilidad intensa, la inteligencia femenina puede volverse interesada. Entonces, la sabiduría femenina puede volverse salvaje e incluso peligrosa, trastornando su propia inteligencia. Su fascinación por la agudeza puede llegar a ser habitual, de forma que, una vez identificados los problemas, la energía femenina puede no tener especial fidelidad hacia las soluciones. Una metáfora para describir la sabiduría femenina es la agudeza de un cuchillo, que es muy penetrante pero que puede ser demasiado sensible, inestable e incluso peligrosa si no se utiliza correctamente. En este caso es importante tener una energía oponente fuerte y diestra, que controle esta hoja afilada y proteja las cosas que no han de ser cortadas. Cuando los medios hábiles, o upaya, se manifiestan en el aspecto de hombres, hay fuerza, solidez y entereza. En contraste con la energía femenina, la masculina es obvia y tiende hacia el mundo material de la manifestación y de la acción. Está tambien más arraigada, más adormecida, y cuando se encuentra en desequilibrio podría considerarse como una presencia testaruda y resentida. Generalmente se ensalza porque es fuerte y fiel. En su manifestación positiva lo masculino es tolerante, paciente y condescendiente. La cualidades fundamentales masculinas son la inalterabilidad y la franqueza. Los hombres tienen la sabiduría de saber lo que está pasando, justo o injusto, bueno o malo, enfático o positivo, y de, simplemente, dejar las cosas como están. La energía masculina es conocida por su lealtad, honestidad y habilidad para reunirse en grupos y alcanzar metas comunes. La energía masculina estructura y organiza la realidad, establece las normas y las leyes, aplica sistemas, y su lenguaje manifiesta la construcción mental de la realidad organizada. Por otra parte, la energía masculina puede ser demasiado condescendiente, incluso perezosa, y tiende a ser torpe y olvidadiza. Sin el estímulo de la sabiduría femenina, la energía masculina puede adormecerse o verse invadida por la rutina habitual. O, cuando se enfrenta a la energía femenina salvaje e interesada, la masculina puede ser tozuda, fria e insensible. Cuando se ve amenazada, es capaz de ser descortés y autoritaria, contraatacando sin corrección. Lo masculino necesita una relación con la agudeza, pues aunque sea muy fuerte, no es preciso ni penetrante. Cualquiera de estas energías puede convertirse en un obstáculo para el desarrollo espiritual. Una sin la otra se hace muy dificil y crea un desequilibrio en el practicante. La agudeza de nuestro cuerpomente anhela un mayor arraigo, y nuestra estupidez ansía excitación y claridad. Unificar estas dos cualidades , equilibrarlas, es necesario para la práctica espiritual y alcanzar el estado Despierto del Ser. A medida que el practicante se va armonizando en su experiencia con estas energías polares, descubre que estas residen en todas partes. En la meditación es especialmente beneficioso identificarlas, por ejemplo, cuando se experimentan como dos estados mentales comunes que obstaculizan y perturban la práctica de la atención: la excitación mental e intensa emotividad, en un extremo, y el estupor mental, el embotamiento y adormecimiento por otro. La práctica es trabajar en la meditación con estos dos obstáculos, comprendiendo que surgen de una misma raíz común. No obstante, cuando la visión superior y los medios hábiles reconocen su interrelación, es posible sincronizar estas energías y revitalizar nuestra experiencia humana. Sin la cooperación y la interacción de estas dos energías ni siquiera podríamos experimentar directamente el mundo: Por ejemplo, cuando experimentamos la percepción visual, ver el color rojo corresponde al aspecto masculino, pero distinguir el tono vivo del rojo, su vibrante intensidad, en contraste con otros colores o con otros rojos, requiere de la cualidad femenina. Si tenemos demasiada energía masculina, veremos el color pero no lo diferenciaremos. Si tenemos demasiada cualidad femenina, nuestras percepciones sensoriales saltarán de una cosa a otra, sin realmente ver nada en su totalidad. Esto se manifiesta en el mundo convencional de las relaciones entre hombres y mujeres en su respectiva y diferente forma de conocer el mundo que le rodea: los hombres tienden a ver el mundo desde una perspectiva muy centrada y focalizada, relacionando una cosa después de otra, de forma secuencial, hasta componer gradualmente la figura completa. Ésta es una perspectiva que va de las partes al todo. Por su parte, las mujeres ven intuitivamente la figura completa, descubren gradualmente las partes y después exploran cómo esas partes se relacionan con el todo; esta es una perspectiva que se centra más en el contexto que en el contenido. Estas diferencias en el proceso cognitivo se expresan en la diferente forma de relacionarse y comunicarse. Lo masculino tiende, como hemos visto, a la organización, la cultura, la acción; el lenguaje es una manifestación ya elaborada de las ideas. En cambio lo femenino tiende a emplear el lenguaje como un medio para organizar su mundo mental y emocional y darle forma. Por eso, en general, las mujeres necesitan la comunicación verbal en sus relaciones, que las escuchen y comprendan sin necesidad de recibir soluciones a sus problemas. Sin embargo, los hombres emplean el lenguaje de una forma más práctica, es decir, más orientada a la acción y a la resolución de problemas Cuando se trata de gestionar las emociones, las mujeres procesan sus sentimientos a través de la conversación, mientras que los hombres los procesan en silencio, y solamente hablarán de ellos cuando consideren que de esa forma transmiten la información necesaria para solucionar el problema. Por ello, la señal de que una mujer ha integrado su energía masculina conscientemente es su capacidad para expresarse ordenadamente con un propósito centrado en la consecución de un fin, es decir, expresarse como un medio hábil que manifieste su comprensión y su compasión. Un hombre que expresa sus sentimientos como una forma de compartir gratuitamente su mundo emocional puede estar manifestando su energía femenina integrada conscientemente. • La encarnación de los aspectos masculinos y femeninos: el cuerpo y el deseo Igualmente los cuerpos fisicos de los hombres expresan cualidades únicas de los médios hábiles y de la acción compasiva, implicándose con su entorno también a un nivel psicológico y mental. Los rasgos fisicos y psicológicos de los hombres expresan las cualidades de acción incursiva en el mundo. En realidad, en la comprensión tántrica es imposible separar estos rasgos fisicos de sus significados en los diferentes niveles del ser. En todos estos niveles se observa la inseparable complementariedad de los rasgos masculinos y los femeninos. Una de las más poderosas prácticas espirituales, y al mismo tiempo más dificiles resbalosas y engañosas, es la transformación del deseo sexual en combustible para el viaje espiritual. En su verdadera naturaleza, el deseo sexual no es distinto del anhelo espiritual. Comprender esto permite comprender que la química pasional entre hombres y mujeres es una poderosa expresión del dinamismo fundamental de todos los fenómenos. En la dinámica de la atracción sexual, tanto explícita como implícita, intervienen poderosas fuerzas Apreciar el contraste y la complementariedad entre los dos sexos es fundamental en la práctica del yoga sexual. El juego de estas dos energías es complejo en las relaciones interpersonales. Cuando lo femenino y lo masculino están en guerra sus aspectos neuróticos se exaltan: Es necesario, pues, prevenirse de las trampas de la pasión sexual ordinaria, es decir, manipulada por el ego y su deseo de gratificación. Si se sigue esta pasión sin cuestionamiento aparecerán dramáticas posibilidades de gran sufrimiento personal, ya que en estas situaciones “las mujeres son los demonios más letales para los hombres y los hombres lo son para las mujeres.” El practicante (vajrayana) tiene que aprender a amar la diferencia y reconocer los dones de ambos géneros, con el fin de mantener la perspectiva sagrada y trascendente de las relaciones. La práctica perseverante, honesta, profunda y ecuánime de la meditación en unión sexual extática, tiene el poder de transformar la pasión ordinaria en la base para la experiencia del gran gozo ( mahasukta), el cual acelera inmensamente la eliminación de los oscurecimientos emocionales y conceptuales de la vida espiritual del practicante. Si ambos consortes transmutan la pasión ordinaria y dualista en Conciencia pueden desarrollar la realización del cuerpo, la palabra y la mente como los tres Cuerpos ( kayas) de un Buda. Uno de los retos más importantes en la práctica espiritual es “iluminar” las relaciones que establecemos con todas las existencias del universo. En la escuela Yogachara del Budismo se proclama que nuestra mente es una sola Mente, que todo lo que podemos experimentar, percibir y conocer ocurre en el único centro del universo posible: la propia Conciencia. Por lo tanto, es en nuestra propia mente donde se produce la liberación del sufrimiento. Así pues, en realidad, la iluminación del Sí Mismo es la iluminación de todas las existencias. Por eso se dice que cuando el Buda Sakyamuni experimentó la Gran Iluminación, todas las existencias del universo se iluminaron. Clarificar la naturaleza de nuestras relaciones es, pues, en realidad, clarificar nuestra propia Naturaleza de Buda. Debemos cultivar la prajña, la sabiduría, en nuestras relaciones, para que sean relaciones de amor consciente, es decir, para realizar la Mahaprajñaparamita, que es Bodaishin, Amor Incondicional. Clarificar las relaciones no puede ser un ejercicio de abstracción mental: En este sentido puede resultamos muy clarificador saber las diferentes formas de amor que podemos experimentar, según establezcamos la relación desde un nivel u otro del ser, según la clasificación en niveles de K. Wilber. Esta es una presentación muy somera, que solo pretende apuntar la naturaleza de las relaciones que establecemos y el deseo que las anima. Nivel físico, sensorial- sexual: En su correspondencia con la fase oral, la forma de relacionarse con el otro, con el objeto del amor, es “introyectando” al otro. Es un impulso consumista que nos lleva a tratar de incorporar al otro desde la necesidad de “regresar” a la fusión simbiótica. El contacto puede ser realmente una acción de “absorción”, bien sea a través de la mirada, o de la sensación táctil, o del gusto, o del oído, o del olfato... o incluso a través del pensamiento, tratando de incorporar la realidad psíquica de la otra persona a nuestro orden personal. El sentimiento de posesión hacia otra persona, el aferramiento a la obtención y al mantenimiento de los niveles de sensaciones, emociones y pensamientos que se intercambian en una relación polarizada en sus aspectos masculino y femenino es lo que podríamos llamar una pasión. Se corresponde con la fase anal del desarrollo, y su dinámica desequilibrada y obsesiva es lo que podemos llamar pasión, que viene del griego “pathos”, y curiosamente tiene la misma raíz etimológica que la palabra “patología”, que significa conocimiento del sufrimiento. Podemos decir, pues, que este es el nivel del amor patológico, ya que aquí se da la dinámica de apego intensamente, así como la dinámica de odio o rechazo como una energía poderosa y destructiva encaminada a eliminar los obstáculos que impiden experimentar el objeto de nuestro “amor”, es decir, el objeto de nuestro deseo. Nivel mágico-mítico Desde este nivel es desde donde se proyectan también los propios aspectos masculinos o femeninos en el otro. Es decir, que una mujer con marcados aspectos femeninos proyectará su masculinidad subconsciente en el objeto de su amor, su pareja, o en un ideal (mental) con el que se relacione. Y viceversa. De hecho, lo que se produce cuando nos enamoramos es una identificación en el otro de nuestra propia proyección idealizada del sexo opuesto. Desde este nivel se producen los des-encuentros con la propia realidad del otro. Cuando la persona “amada” ya no encaja con la imagen mágico-mítica que nos hemos formado de ella llega el estupor, la decepción. Se acabó la magia, precisamente. Esto se vive como una frustración, porque unas de las características de este nivel es la atemporalidad; mágicamente se cree que es para siempre lo que se vive, y de hecho es así mientras dura. Nivel representativo- formal El desencuentro es la incomunicación; los elementos “operativos” que permiten ser “uno” en el pensamiento están desarmonizados; cuando uno habla desde las emociones el otro lo hace desde la razón fría Nivel racional o post formal Desde este nivel del ser es desde donde se produce la gama de sentimientos cada vez más “complejos” cuanto más matices conceptuales puede dirimir el pensamiento. Nivel psíquico También se vive la filiación con extraños, se manifiesta el respeto e incluso el amor por las diferencias. Desde este nivel se expresa el arte de la hospitalidad, no solamente en el nivel de las formas, sino también en del pensamiento. Este arte es el de la acogida amorosa, aceptación de las diferencias. El amor erótico desde este nivel tiene una impronta de entrega y apertura plena a la realidad y a las diferencias del otro. Hay una intencionalidad en la creación de la armonía, es también una expresión de afinidades y preferencias. El amor, desde este nivel, tiene una vibración más elevada, en el sentido de que intuye e irradia destellos cada vez más poderosos de la verdadera fuente del Amor. La relación con el otro ya no es la única fuente de energía y de amor, sino que se vive la experiencia de la común unión desde la igualdad autoconsciente. Éste es el nivel en el que están estabilizados los bodisatvas de las primeras etapas en el budismo Mahayana Nivel sutil Éste es el nivel en el que moran establemente los Bodisatvas que han atravesado el punto de no retomo en la Vía hacia la Budeidad. Nivel causal El Amor culmina en el Misterio del Encuentro. Es la Realización, la Resurrección, la Iluminación Plena, el Perfecto y Supremo Despertar. La culminación de la Éste es el nivel en el los Budas han estabilizado en su Mente e irradian Bodaishin en las Diez Direcciones del Espacio y en los Tres Tiempos. • La relación amorosa en pareja Habitualmente, en nuestras relaciones de pareja anhelamos la fusión indiferenciada, ya que nos relacionamos inconscientemente desde los niveles más básicos o primarios del ser. Cuando se produce esta fusión experimentamos placer, pero cuando la dualidad, la sensación de separación, reaparece la experiencia es de frustración y la crisis se manifiesta. Entonces, el impulso es el rechazo, el alejamiento y la sensación de insatisfacción se intensifica. Estamos plenamente inmersos en la dinámica de “dukka”, del sufrimiento propio de la ignorancia, el apego y el rechazo. El desafío de la trascendencia en una relación amorosa es atravesar la dualidad para convertirse en una unidad diferenciada. Para ello, es necesario primero asumir la dualidad y aceptar la sensación de separatividad, y su consecuente sentimiento de carencia, como parte del proceso del despertar. Es decir, reconocer el origen de este sufrimiento y aspirar con una gran resolución a disolverlo. El verdadero amor es “atravesar” la dualidad, lo cual exige plena atención y respeto en la relación. Exige un compromiso de crecimiento espiritual de ambos consortes; exige también la comprensión de que la unión amorosa se produce, no porque nos amamos, sino porque estamos aprendiendo a amar.
En la tradición Zen no existen prácticamente referencias a las cuestiones de género. Es natural. La práctica de la meditación zazen es la quintaesencia de la práctica espiritual. El verdadero zazen manifiesta en sí la Mahaprajñaparamita, trascendida toda dualidad, integradas todas las polaridades. Zazen es la manifestación del Despertar, transmitido por todo el linaje de Budas, Bodisatvas y Maestros de la Transmisión. En nuestro propio proceso de Despertar, como estudiantes de la Vía del Zen, apuntamos a la práctica última: la no práctica. Y sin embargo, he ahí el Misterio: La Gran Compasión, que es la Mahaprajñaparamita, se realiza en nuestro cuerpo y nuestra mente a través de la práctica de zazen. • La práctica Cultivar el aspecto femenino del ser, durante la práctica de zazen, se manifiesta en la capacidad de contemplación, sin re-acción, de todo cuanto surge y desaparece en su campo de conciencia. La prajña surge de este estado de contemplación que tiene las cualidades femeninas del espacio insondable e infinito de la Vacuidad. Pura Receptividad y Aceptación. Es el sí antes de cualquier no, antes de cualquier resistencia. Es el silencio y la quietud inmóvil, preñada de todas las posibilidades de movimiento. Cultivar el aspecto femenino durante zazen implica comprender y realizar el Vacío fértil que es nuestra verdadera naturaleza, ahí de donde surgen y adonde van a parar, desapareciendo, todos los contenidos que surgen en el centro de este Misterio que es nuestro cuerpo y nuestra mente. Cultivar el aspecto femenino es desarrollar la observación penetrante de esta dinámica de surgimiento y desaparición, y así el practicante descubre el origen de todos sus impulsos y deseos, y éstos, iluminados por la Prajña, se transforman en pura Aspiración al Despertar, se transforman en generosidad, en compasión; el principio masculino. Cultivar el aspecto masculino durante zazen implica orientar conscientemente, con firmeza y estabilidad, todos los impulsos de deseo, de apego y de rechazo que surgen con todo el dinamismo energético de la conciencia. Orientarlos de nuevo, una y otra vez, hacia su origen y permitir que, en el vientre fecundo del universo se transformen en Pura Luz de Amor y Sabiduría. Cultivar el aspecto masculino en nuestra práctica de zazen implica ordenar nuestro psiquismo, la naturaleza emocional y mental de nuestra conciencia y entregarse con devoción a la práctica del Dharma, formulando silenciosa y profundamente nuestra determinación inquebrantable de transmutar nuestro espíritu opaco en pura Irradiación de Amor. Esta fuerza es el poder de la compasión, que permite mirar el propio sufrimiento y sentir que es el mismo que el de todos los demás seres, y esta experiencia alimenta todavía más la Aspiración al Despertar. Y así, este deseo elevado, esta aspiración, intensifica a su vez el poder penetrante de la Sabiduría. Cuando entramos en la Vía del Zen, todos los maestros de la Transmisión nos ayudan a ordenar nuestro cuerpo y nuestra mente, para que podamos sentamos a sentir la Madre de todos los fenómenos. La danza dinámica de los aspectos masculinos y femeninos del ser es la conciencia hirshiryo: esta es la buena actitud de espíritu en zazen. Esta actitud es manifestada durante zazen a través de la postura corporal , que da forma a nuestra mente, y tambien a través de una respiración adecuada que es la cualidad del espíritu en nuestra vida. Cuando la naturaleza emocional de la mente, entra en contacto con la Luz del Dharma, se transforma en la Paz y la Plenitud de los Budas. Compartir esta Realidad es es el tesoro de la Sangha. Veneración a! Buda,
He aquí una leyenda: “Cuando el gran yogui Padmasambhava a quien los tibetanos llaman Gurú Rimpoché, “el precioso maestro “, emprende su viaje espiritual, viaja de un lugar a otro solicitando enseñanzas de yoguis y yoguinis. Guiado por visiones y sueños, su viaje le lleva a bosques solitarios poblados de fieras salvajes, a lagos envenenados con islas fortificadas y a los cementerios. Donde quiera que vaya hace milagros, recibe iniciaciones y madura sus propias habilidades para beneficiar a los demás. Quitándose de sus hombros el yugo y las cuerdas se acerca hasta Padmasambhava exclamando: “Has desarrollado grandes poderes yóguicos.Qué hay de los míos, gran señor? “. Y dicho esto toma un centelleante cuchillo de cristal de la faja que rodea su cintura y abre el centro de su corazón, revelando el vívido y vasto espacio interior de su cuerpo. Su interior muestra a Gurú Rimpoché el mandala de deidades de los tantras interiores: cuarenta y dos deidades apacibles se manifestaban en su torso superior y su cabeza, y cincuenta y ocho deidades airadas moraban en su torso inferior. Avergonzado por no haberse dado cuenta de con quien estaba tratando, Guru Rimpoché se postra ante ella y renueva humildemente su petición de enseñanzas. Como respuesta ella le ofrece su respeto y añade: “Yo no soy más que una doncella” y le acompaña hasta la reina de Sabiduría Secreta.”
|
|
Mar López |
Mar López es discípula del maestro Dokushô Villalba roshi, instructora de meditación zen y profesora de Estudios Budistas, responsable de Relaciones Institucionales de la CBSZ y presidenta de la Asociación Zen de Zaragoza. |
|