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Vida y Muerte en el proceso
salud–enfermedad

 


Vida y muerte son dos conceptos fundamentales en el proceso salud – enfermedad. Muchas personas sanan al considerar que aun tienen mucho que realizar en la vida, otras aunque no se recuperan totalmente, viven mucho más de los pronósticos médicos cuando sienten que le quedan metas por alcanzar. Por otra parte, el temor a la muerte, considerada como la pérdida de todo, puede precipitar la aparición y desarrollo de la enfermedad.

¿Qué es la vida? Cuando se realiza esta pregunta a los pacientes, se encuentran respuestas bien interesantes. Hay quienes la describen como un abismo sin salida, otros como una bendición de Dios y hay quienes aun están buscando una respuesta. Lo cierto es que la vida es diferente para cada persona, ya que la concepción que se tiene de ella depende de su cultura, sus experiencias y de la realidad que percibe bajo el prisma de su personalidad.

¿Qué es la muerte? ¿Es principio o final? Por lo general, la vemos como el fin de todo, la pérdida de nuestros bienes, de nuestra profesión, de nuestros seres queridos, de nuestra integridad física. Pero hay que tener en cuenta que también puede ser el comienzo de la paz, de la sanación, de la libertad. A veces el enfrentarse a la muerte suele ser el catalizador que permite a las personas “despertar” y comenzar a luchar por lo que realmente quieren. Cuando uno siente las alas de la muerte cerca, lo más probable es que reanime sus ansias de vivir.

La vida misma, ya no como concepto sino como realidad nos obliga a meditar sobre ella. Sucede por ejemplo cuando conocemos de la muerte inesperada de un amigo o conocido contemporáneo a nosotros, es entonces que nos preguntamos qué estamos haciendo con nuestra vida, qué sentido tiene, cuáles son las metas que aun no hemos alcanzado.

A través de mi propia experiencia,  he constatado que existen ciertos factores que atentan contra la valoración positiva que se tiene de la vida, algunos de ellos son:

  • No aprender de los errores que cometemos: La vida tiene una fuerza misteriosa que nos está enseñando siempre cual es el camino más conveniente para nosotros, pero muchas veces no vemos estos mensajes como señales que nos guían y cuando fracasamos, culpamos a la vida por lo sucedido. Sin embargo, cuando estamos atentos a dichas señales, comenzamos a sentir un profundo amor hacia la vida, comparado al amor que siente el discípulo hacia el maestro. La vida es ante todo una escuela a la que venimos a adquirir los conocimientos necesarios para nuestra evolución. Quien no se esfuerza por asimilar los contenidos, corre el riesgo de repetir continuamente las lecciones y no pasar hacia un grado evolutivo superior. 
  • La falta de fe y de esperanza: El pesimismo es una de las actitudes negativas que más nos impiden realizar nuestros sueños y disfrutar de la vida. Para lograr nuestros anhelos y desarrollar todo nuestro potencial, debemos confiar en la sabiduría del universo, de lo contrario estaremos siempre limitados. Quien navega por los mares de la vida sin esperanza, puede quedar naufragando eternamente en el llanto de su alma, sin ver la otra cara del mundo donde es posible  sonreír  y continuar el curso hacia la ascensión.
  • No saber disfrutar de lo que se hace ni de lo que se tiene. El valor de la vida se manifiesta en el presente, en el aquí y ahora, en las cosas que tenemos, en la labor que realizamos, en nuestra forma de pensar, sentir y actuar. Muchos se sienten infelices por no tener lo que desean.  Desde este punto de vista, las personas se pueden clasificar en cuatro grupos:
  • Los que tienen y no se conforman con lo que tienen: (Los avariciosos)
  • Los que tienen y no disfrutan lo que tienen (Los amargados)
  • Los que no tienen y critican a los que tienen (Envidiosos)

Por último se encuentran los que disfrutan lo que tienen y se alegran de lo que tienen los demás (Los sabios)

  • No tener objetivos ni aspiraciones: (Encontrar un sentido a la vida) ¿A qué venimos al mundo? Responder a esta pregunta nos muestra la tarea que debemos realizar. Siempre hay una meta que alcanzar, una ilusión que nos mueve hacia delante. No importa cuan lejos estemos de ella, lo que tiene valor es el esfuerzos que se hagan para llegar a donde queremos. Siempre tenemos un papel que desempeñar en esta gran obra del universo. Debemos recordar que la vida recobra su sentido cuando descubrimos que somos necesarios, pero sólo se ilumina cuando admitimos que somos imprescindibles.

Son éstas algunas de las razones  por las que debemos conservar un criterio sobre la vida que nos acerque a ella, que nos permita disfrutar el presente con tal intensidad que nos olvidemos de todas preocupaciones del pasado y de las incertidumbres del futuro. De esta forma la salud será restablecida cuando sobrevenga la enfermedad, será mantenida pese a las contrariedades del destino, resucitará cuando la muerte aparezca en el camino.

¿Qué sucede con la muerte?
En la muerte, el factor que más influye en su valoración negativa es el temor, ya que siempre se le ha visto como la sombra oscura que acecha a la vida. Una de las formas que tenemos para eliminar el miedo a la muerte es encontrar el sentido básico de la vida, de tal forma que podamos vivir agradecidos por lo que tenemos y por lo que somos, sin arrepentimiento y con orgullo por la labor realizada hasta el momento actual.  
Hablar sobre la muerte sin prejuicios, así como formarse un criterio más o menos válido acorde a nuestros principios, contribuye a eliminar los mitos que se tienen sobre ella.

Cuando me formulé la pregunta qué es la muerte, la respuesta fue:

La muerte es una fuga para el que desea escapar,
Un alivio para el que agonizando está.
Es el terror de los que no le temen,
Y la añoranza del que la está buscando.
Es mito y realidad,
Misterio de los antiguos y
Ciencia de la modernidad.
La muerte es la otra orilla del río de la vida,
Por donde todos tenemos que pasar.
¿Pero si es algo tan natural en nuestra existencia,
por qué la tenemos que negar?
El día que la muerte deje de ser un misterio,
Ya nadie le temerá,
Pero el día en que la muerte muera,
Junto con ella, todo morirá.

 

Otro aspecto a tener en cuenta es la diferencia sustancial que existe entre  los criterios que sobre la muerte tienen los enfermos y los criterios del personal de salud. La percepción que tiene de la muerte un oncólogo, difiere mucho de la que encontramos en un paciente con un carcinoma. Para el médico la muerte es el estadio final de una enfermedad, para el paciente es el fin de la realidad.

Pero lo más importante es la repercusión que pueden tener estos criterios desde el punto de vista ético en la salud.

Muchos médicos de alta sensibilidad humana se sienten fracasados cuando un paciente fallece, lo cual obedece a la concepción errónea que tienen sobre la muerte. De esta forma, encontramos que ante el moribundo, los médicos tienen tres formas básicas de reaccionar: unos la niegan, por tanto luchan hasta el último momento por mantener vivo al paciente aunque sea artificialmente; otros la rechazan y por último están los que la aceptan como un proceso natural y establecen el cuidado y la relación correcta para ayudar al que agoniza. Por tanto, es deber del médico educar a los pacientes a percibir la muerte desde otro punto de vista y acompañarlo hasta el último momento.

  Un lema que deben  tener presente todos los trabajadores de la salud es el siguiente: si puedes curar, cura, si no puedes curar, alivia, si no puedes aliviar, consuela, si no sabes consolar, acompaña. Acompañar significa estrechar la mano para sentir el dolor ajeno, acariciar las heridas, compartir los malos ratos, ofrecer la totalidad de nuestro tiempo a alguien que tiene el tiempo limitado, es hacer participar al corazón en todos nuestros actos y así,  trascender lo humano para acercarse a lo divino.



Jorge Luis Lee  
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