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Las trampas del ego
 

 


“Es de la paz mental
De donde surge
Una percepción pacífica del mundo”

(C.Milagros)

 

Si deseamos una paz externa y una mejor concordancia en nuestras relaciones, debemos trabajar por ellas a partir del trabajo interno del autodescubrimiento.

Vivimos la vida, nos vivimos a nosotros mismos, a raíz del análisis ofrecido por nuestras propias percepciones. Generamos hábitos automáticos a partir de las impresiones las cuales a su vez se adecuan a nuestras expectativas o deseos.

Es posible que una persona parezca que está actuando inteligente y conscientemente, pero también puede que esté funcionando de forma mecánica y robotizada. Ya dijo Gurdjieff:

“Casi todas las miserias humanas
son el resultado de una vida automática y mecánica.”

Los problemas surgen en nosotros cuando la realidad cambia y sin embargo nosotros mantenemos acciones automatizadas. La capacidad de adaptarnos y fluir en el río de la vida de forma consciente está al alcance de todos nosotros. El fundamento de la práctica del Zen pasa por estabilizarnos, observar, indagar y descubrir quiénes somos, cómo actuamos y de qué forma lo estamos haciendo. La vida es cambio, el ego resistencias.

La persona

Cuando hablamos de una personalidad nos referimos a un conjunto de actitudes, rasgos, motivaciones, creencias y patrones de respuestas habituales y repetitivas. También somos un cuerpo en constante cambio y un universo emocional que oscila entre la avidez, la antipatía y la indiferencia. Todos hemos nacido como una combinación única de rasgos físicos, procesos biológicos, potenciales mentales, emocionales y espirituales.

La persona es definida como un ser racional y consciente de sí mismo, poseedor de una identidad propia. Sin embargo, no debemos olvidar el significado original de la palabra “persona”: máscara usada por los actores en la Grecia clásica y con la que ocultaban su rostro al tiempo que hacían sonar su voz (per sonare, es decir, ‘para hacerse oír’) Cumplía por tanto una doble función ya que servía por un lado para ampliar el volumen de la voz y de otra parte, un reducido número de actores podían representar así todos los papeles; el cambio de careta indicaba al público el personaje dramático que estaba representado.

Y nosotros, ¿somos conscientes de qué antifaz llevamos? ¿Somos conscientes de los disfraces que empleamos en nuestro carnaval diario?

Lentamente, a medida que vamos creciendo, vamos creando una máscara socialmente aceptada, una realidad ilusoria que nos hace parecer “más normales” ante los demás. A medida que crece la identificación con esta imagen mental, con la máscara, con la falsa personalidad, a medida que olvidamos que estamos representando un rol, se movilizan mayores energías para fortalecer esta fantasía egótica y nos alejamos de la esencia.

La identificación

El nombre, el cuerpo, los bienes, la familia, el trabajo, la enfermedad, la comunidad, la casa, el país, la humanidad entera, el planeta, el universo, dios, la selección española, las uñas del pie, la última víctima del periodismo sensacionalista, la iluminación… la lista de cosas vacías con las que nos identificamos no tiene fin.

Tenemos a nuestro alcance un elevado número de roles socialmente admisibles. El YO puede ser una persona muy distinta de un momento a otro. El estado de identidad, de hecho, es un estado transitorio, dinámico. Somos como un joven clown que hace girar en el aire varias pelotas de colores que están siempre en movimiento, mientras el patrón que forman permanece circular y se repite.

La dificultad que encierra identificarse de esta forma radica en que la realidad está en mutación constante. Por otro lado, resulta paradójico que las personas despierten al final de sus días descubriendo que han perdido el tiempo haciendo algo que ellos no habían realmente elegido.

El coste final de la identificación surge del hecho de que uno desconoce su identidad real, su verdadera esencia o naturaleza original, su ser más profundo que late tras todas estas manifestaciones superficiales. Estamos y somos mucho más allá de aquello con lo que nos solemos identificar.

Amortigudores: un acercamiento aclaratorio

Los mecanismos de defensa (“amortiguadores” o también llamados “estrategias de afrontamiento”) son procesos psicológicos automáticos que protegen al individuo frente a la ansiedad y las amenazas externas (como una situación embarazosa) o internas (como puede ser un recuerdo desagradable)

Psicológicamente hablando, el sujeto evita sentir angustia por medio del retiro de los estímulos que la producirían. Los mecanismos de defensa fueron propuestos dentro del psicoanálisis, tanto por Sigmund Freud como por otros como Karl Abraham. Tras ellos, una variedad de autores exponen sus puntos de vista acerca de la función de los mecanismos de defensa.

Los mecanismos de defensa, en la teoría psicoanalítica, tienen la función de evitar la censura del superego, esto es, las prohibiciones interiorizadas por la cultura, es decir, todo lo que se castiga y se niega. Charles Tart lo define como “trance consensual”

El mecanismo de defensa principal, clave para todas las demás, es la represión, pero veamos el conjunto en sus detalles.

Descripción breve de algunos mecanismos de defensa

Los métodos más usados por las personas habitualmente para vencer, evitar, circundar, escapar, o ignorar las frustraciones y amenazas incluyen los siguientes:

Formación reactiva: forma parte de una visión idealista de la realidad al convertir algo inaceptable en su contrario (Enea 1) Aparece este mecanismo en personas que únicamente se relacionan con aquellos que consideran a su altura, de su especie, rango o nivel. La “formación reactiva” sirve para prevenir que un pensamiento doloroso o controvertido emerja. El pensamiento es sustituido inmediatamente por uno agradable. (Ejemplo: una persona que no puede reconocer ante sí mismo, que otra persona le produce antipatía, nunca le muestra señales de hostilidad y siempre le muestra una cara amable)
Represión: es un bloqueo total que no permite percibir un sentimiento o un deseo poderoso considerado como inaceptable. (Enea 2) Se refiere al mecanismo mediante el cual el inconsciente nos hace olvidar enérgicamente eventos o pensamientos que serían dolorosos si se les permitiese acceder a nuestro pensamiento (consciente). El impulso de la necesidad es sustituido o eliminado por el discurso intelectual. Suele darse en las personas perezosas porque acaban cayendo en un discurso ficticio tipo “yo ya estoy completamente lleno y no necesito nada más”
Altruismo: El individuo se enfrenta a conflictos emocionales dedicándose a satisfacer las necesidades de los demás. Todo lo que le rodea lo hace suyo (Enea 3) Se adaptan en exceso a la demanda de los otros para ganarse su atención ante las carencias de un yo interno vacío y desvalido. Son intercambiadores de experiencias pues responden a lo que los otros necesitan. Viven pegados a la máscara. Forma parte de esto la mentira que presenta de manera incorrecta la verdad tanto a nosotros mismos como a los demás.
Introyección (lo opuesto a la proyección) Es una forma más primitiva de identificación. Algo externo lo hago mío (Enea 4) Es la incorporación subjetiva por parte de una persona de rasgos que son característicos de otra. Un objeto, un concepto o una persona parecen estar dentro de nosotros, ser parte de uno y por lo tanto adquieren un poder especial. (Ejemplo: uno actúa reflejando sus sentimientos íntimos y sigue siendo amable aunque esté realmente sufriendo por dentro) Muchos acaban padeciendo el autorechazo debido a un síntoma de evidente inferioridad y juegan a “pobrecito yo”
Aislamiento: se trata de mantener como identidades separadas los deseos y los sentimientos, evitar el conflicto entre ellos. Divide en compartimentos estancos lo emocional y lo intelectual (Enea 5) Es una separación del recuerdo y los sentimientos (afecto, odio). Se las arreglan siempre solos y hay que ir a buscarlos al fondo de su gruta. Es en este sentido cuando hablo de no caer en la práctica de un Zen autista.
Proyección: Es lo opuesto a la identificación. Se tiene una visión negativa de los otros. Personas que se sienten perseguidas por el exterior y lo consideran su enemigo. Discurso: “todos están contra mí” (Enea 6) Es el mecanismo por el cual sentimientos o ideas dolorosas son proyectadas hacia otras personas o cosas cercanas pero que el individuo siente ajenas y que no tienen nada que ver con él. Evitan la culpa pero la sienten muchísimo.
Distracción: es una dispersión de las energías, vivir como narcotizado. La atención salta de una cosa a otra permanentemente. La mente divaga de rama en rama. Se desplaza la realidad por no aceptarla tal y como es. Se vive con gafas color de rosa. Se vive acelerado y fuera del ahora para crear un mundo más interesante. (Enea 7) Uno lleva una vida muy ocupada pero a pesar de toda la actividad que despliega, se pasan por alto las cosas realmente importantes. Por ejemplo, uno salta de una religión a otra, de un maestro a otro sin penetrar realmente en las causas de sus heridas. La idealización, el caer en el registro de“todo está bien” es una forma de huida.
Negación: opone fuerza contra fuerza. Puede desarrollar propiedades violentas. Cuando surge una idea inaceptable, como uno no puede alcanzar algo que desea, entonces empieza a ver sus aspectos negativos. (Enea 8) Se denomina así al fenómeno mediante el cual el individuo trata factores obvios de la realidad como si no existieran. No fija los mensajes válidos y los acaba negando por lo que se disfraza o se enviste de autoridad. (Ejemplo: fumar provoca cáncer pero la persona lo niega e incluso estima que es favorable para la salud al ser placentero)
Deflexión: evitan el contacto consigo mismos. Son expertos en irse por peteneras. (Enea 9) Hacen zappin permanentemente en sus vidas. Se defienden de la sensación de no ser válidos. Personas que entran en una mecanicidad rutinaria, evitan el conflicto de verse y sentirse solos por lo que se dedican a creerse estar en paz. Viven narcotizados.
Otros mecanismos que también operan en nosotros y que no he relacionado directamente con cada uno de los eneatipos que ofrece el Cuarto Camino son:

Desplazamiento: es la condición en la cual no solo el sentimiento conectado a una persona o hecho en particular es separado, sino que además ese sentimiento se une a otra persona o hecho. Es la no confrontación. (Ejemplo: el obrero de la fábrica tiene problemas con su supervisor pero no puede desahogarlos en el tiempo. Entonces, al volver a casa y sin razón aparente, discute con su familia)
Racionalización: es la sustitución de una razón inaceptable pero real, por otra aceptable. Personas que se montan una película porque la que les está ofreciendo la realidad no les gusta. Ejemplo: un estudiante no afronta que no desea estudiar para el examen. Así decide que uno debe relajarse para los exámenes, lo cual justifica que se vaya al cine a ver una película cuando debería estar estudiando)
Afiliación: El individuo, ante una amenaza interna o externa, busca ayuda y apoyo en los demás. Algunos vienen a la Sangha porque se sienten como miembros de un club selecto, un club de amigos espirituales que abonan sus cuotas y tienen pase directo a la iluminación.
Regresión: es el último recurso defensivo puesto que supone un retorno a un funcionamiento mental de nivel anterior (“más infantil”). Ejemplo: los niños pueden retraerse a un nivel más infantil cuando nacen sus hermanos y mostrar un comportamiento inmaduro como chuparse el pulgar o mojar la cama. El asma hunde sus raíces en una llamada de atención al sentirse abandonado por otro.
Cuando las técnicas de ajuste del comportamiento no bastan para equilibrar la realidad, el resultado incluso puede llegar a lo siguiente:

Estrés y respuestas neuróticas como ansiedad y/o depresión, acompañadas frecuentemente por disfunciones biológicas, como las del apetito o el sueño y/o fisiólógicas, como las llamadas enfermedades psicosomáticas (por ejemplo, úlceras gástricas).

Conductas desadaptativas más graves, como el suicidio y los trastornos delirantes. Serían recursos defensivos más propios de trastornos de personalidad y de la Esquizofrenia y otros trastornos psicóticos, no constituyendo empero ningún impedimento como para que cualquier persona recurra a ellos si las defensas de tipo neurótico son insuficientes y el estímulo desborda en intensidad las capacidades defensivas del individuo.

Finalmente, quiero hacer mención al miedo que surge ante la pérdida de algo de lo que te crees propietario. Es un signo de tensión entre lo que deseas y lo que haces. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza. Está relacionado con el sistema límbico que hace funcionar la amígdala. Cuando ésta se activa se desencadena la sensación de miedo y ansiedad, y su respuesta puede ser la huida, la pelea o la rendición. Es interesante señalar que el miedo al daño físico provoca la misma reacción que el temor a un dolor psíquico. Veamos otros términos del mismo campo semántico:

Temor es el miedo a algo que se piensa que ya ha sucedido, y aprensión es la aversión a tocar algo (asco, repulsa)
Canguelo (miedo breve) procede del caló y significa originariamente apestar, y se relaciona con el aflojamiento de esfínteres que produce el miedo.
El pánico es el miedo sin fundamento, colectivo y descontrolado (palabra derivada del nombre del dios Pan, y se refiere al miedo a los ruidos perturbadores de la naturaleza).
Existe también un miedo breve y súbito, procedente de una causa pequeña, elsusto (portuguesismo) y también la alarma (que significa, etimológicamente, “a las armas”)
Otros términos emocionales parejos los hallamos en la duda que trata de ocultar la realidad visible de que no somos dueños ni propietarios de nada, ni mucho menos, de este ente ficticio que llamamos yo. Están relacionadas con ellos laansiedad (que es orgánica), la angustia (más emocional) y la vergüenza (que pasa por la culpa social)

Todos estos mecanismos de defensa forman parte del carácter de la persona y generan señales en el cuerpo (psicomatizaciones) que emergen con desenvoltura y naturalidad cuando nos sentamos en meditación. Aprender a verlos, a respirar la información que traen es una clave en el proceso de la sanación integral de la persona.

Conclusión

¿Cómo funcionan los mecanismos de defensa en mí?

No tiene sentido seguir un trabajo si no sabemos para qué nos sirve. La práctica del Zen supone el verdadero descubrimiento del sí mismo. Este auto conocimiento es útil si se hace útil, si se practica.

Nos trampeamos con las formas distorsionadas de ver el mundo. Generalmente creamos una fantasía, una ilusión específica que nos provoca una dificultad al no verla satisfecha. El material de la dificultad es el dolor por lo que reaccionamos al no querer verlo. Estas son las trampas del ego que desarrollamos en el entorno más inmediato y he aquí algunas de las frases que las señalan: “lo voy a dejar”, “ya se me pasó el momento”, “que no me pongan frenos”, “todo lo que no consigo con poder es una tontería”

Las ilusiones son el resultante de la pérdida de la comprensión de una Realidad Verdadera. La solución no está en descubrir y ver el problema sino en la actitud que desarrollamos ante el problema.

Está en las manos de cada cual. Cada persona puede reorientar el camino de su existencia. Vivir la vida desde la oscuridad de la ignorancia o vivirla desde un estado de atención y lúcida presencia es cuestión de madurez.

No pierdan el tiempo, sean felices.

 

Por Denkô Mesa
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