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Santosa
El alma del yoga: yama y niyama aquí y ahora

 

Segundo Niyama
SANTOSA

santosâdanuttamah sukhalâbhah
(Yoga Sûtra, II.42)

Definición de santosa: Santosa proviene de la unión de SAM, que significa “completamente” o “plenamente” y de TUSH que quiere decir “estar contento, satisfecho, reconfortado, seguro” (1). Desikachar, en su traducción del Yoga Sûtra, lo define como “el contentamiento, o facultad de estar a gusto con lo que se posee y lo que no se posee.”(2) Maréchal, haciendo una síntesis de esta descripción, traduce santosa como “serenidad”, y citando a Vyâsa, añade que consiste en estar “total y completamente satisfecho, no deseando nada más que lo que se considera fundamental.”(3) Este niyama tiene otros varios significados que completan y amplían su comprensión. Algunos de ellos son: hacer de manera que el deseo no aporte nada negativo, saber aceptar sin perturbarse, aceptarse a uno mismo, y ecuanimidad frente a los opuestos.(4) Santosa recuerda la décima paramita,(4) upeksâ, también traducida como ecuanimidad en el sentido de ver siempre ambos lados de una cosa o ambas realidades, lo cual implica no sólo abstenerse de críticas estériles sino también abstenerse de apasionarse en exceso por algo, aunque su apariencia lo haga muy deseable. La ciclotimia, por ejemplo, estaría en el extremo opuesto de upeksâ. En ese mismo sentido reflexiona Maréchal sobre santosa: “La serenidad consiste en acoger con satisfacción cualquier acontecimiento, incluso doloroso, como un mensaje instructivo y constructivo. La capacidad de renuncia, la sencillez, el humor, la paciencia y el sentido común son actitudes que la engendran y la sostienen.” (5) Santosa tiene mucho que ver con una humildad sincera, que nos hace vernos a nosotros mismos como eternos aprendices de las lecciones que la vida quiera proporcionarnos. En El corazón del Yoga, Desikachar hace un comentario sobre santosa tan sencillo como inspirador: “A menudo esperamos un resultado particular, como resultado de nuestras acciones y la mayoría de las veces nos desilusionamos. Pero no hay necesidad de esa desesperanza, en su lugar deberíamos aceptar lo que ha pasado. Ese es el verdadero significado de santosa: aceptar lo que pasa (…) Santosa abarca nuestras actividades mentales, como el estudio, nuestros esfuerzos físicos, y aún cómo nos ganamos la vida. Se refiere a nosotros mismos, lo que tenemos y cómo nos sentimos en relación a lo que Dios nos ha dado.” (6) Esta última frase, que subrayo, nos conecta con una devoción, un abandono a algo mayor que nosotros mismos, que veremos al hablar de Îshvarapranidhâna, el último de los niyamas; y el comienzo del comentario hace referencia a vairâgya, el desapego a los frutos de la acción, una condición sine qua non para que nuestra práctica pueda llamarse yoga. Por eso, de entre todas las maneras de concebir santosa, esta es, para mí, la que me ha dado la clave.

     Santosa aquí y ahora: Me gustaría llamar la atención sobre la expresión “hacer de manera que el deseo no aporte nada negativo”, citada más arriba. Entre los inevitables malentendidos que existen entre la actual sociedad y una visión espiritual de la vida está el concepto de “deseo”. En nuestra sociedad decir deseo y decir consumo suele ser lo mismo, ya que nuestro desahogo económico, unido a la banalización de las cosas que nos procuran placer y al montante de necesidades creadas, nos permiten obtener de manera casi inmediata muchas de las cosas que deseamos o creemos desear. Por lo que los “deseos” no cumplidos de inmediato son una fuente de frustración considerable. Es sintomático la cantidad de veces que la publicidad nos asegura que “tenemos derecho” a esto o a aquello, despojando de su atractivo carácter aleatorio a la consecución de los deseos y convirtiéndolo  en una especie de exigencia social que lo priva de toda su gracia. Un anuncio que me impresionó hace algún tiempo decía: “No renuncies a nada”, lo que en algún contexto podría constituir un buen consejo, pero que es una parodia patética cuando de lo que se trata es de tener aire acondicionado de serie en el coche o una tarifa plana en el móvil. Por lo tanto, el deseo, aquí y ahora, tiene un plus de responsabilidad ante los demás que se añade y a veces supera al propio anhelo. Esto ha hecho que, entre los aspirantes a un desarrollo espiritual, deseo sea sinónimo de algo que hay que evitar a toda costa. De ahí que intentemos suprimir por completo nuestros deseos por un acto de voluntad, como si eso fuera posible. Pero de la misma manera que mientras sigamos habitando un cuerpo y una mente humanos necesitaremos cuidarlos, también tendremos deseos mientras tengamos sentidos, pensamientos y emociones. Una vez más, no creo que se trate de cercenar sino de pactar. Cuando el deseo manda en nosotros, una de las cosas que pasan es que no disfrutamos de su cumplimiento en la misma medida en que antes hemos sufrido el anhelo: aquí, el placer viene a ser el cese de la desazón, y es un placer precario y acosado, el mismo tipo de placer que hizo decir a Vyâsa: “Tanto el placer mundano que se consigue al obtener lo que se desea, como el placer supremo que puede disfrutarse en el cielo, no pueden compararse ni a la dieciseisava parte de la felicidad obtenida al desaparecer el deseo”.(7) Cuando nosotros mandamos en el deseo, sin embargo, es cuando realmente vivimos en plenitud el placer que produce el logro de lo que deseamos, precisamente porque la otra opción, la de su no cumplimiento, no nos hace daño. Y esto no tiene nada que ver con esa falsa apatía que en ocasiones se adopta cuando se “teme” tener deseos por que se “teme” que no se nos cumplan. El deseo es algo tan natural como poco importante en realidad es su cumplimiento; tiene, por decirlo de otra manera, la importancia que queramos darle. Por eso hay seres humanos que son inmensamente felices bebiendo un vaso de agua cuando tienen sed y otros (o ellos mismos, en otras ocasiones) se sienten frustrados si un excelente vino que están tomando en una excelente comida no está a la temperatura exacta. Naturalmente, no se trata nunca del objeto del deseo, sino de las expectativas que ponemos en él; y estas expectativas no son sino la representación de una profunda carencia que yace ignorada, por dolorosa, en el origen de nuestra personalidad. Vivimos una época en la que la conciencia de esa herida está no sólo olvidada sino cada vez más sepultada en sucedáneos de alegría que como siempre se adquieren a cambio de dinero, siempre son efímeros. Nuestro sistema económico se basa en que compremos; y, pasado el tiempo de comprar bienes o servicios, ahora estamos comprando emociones. Nunca como ahora, por ejemplo, se habla del turismo de aventura, sin caer en la antinomia que eso supone. Porque decididamente hemos apostado a favor del exoterismo, de buscar fuera y pagar con dinero una parodia de lo que ya tenemos dentro gratis. Y hasta el esoterismo con tarifa es exotérico. El gozo intenso y permanente que supone santosa exige desprenderse de lastre hasta quedarse en la esencia (de nuevo los ecos de shauca, de satya, de aparigraha…) Esa esencia es, en realidad, distinta para cada uno de nosotros en cada momento de nuestra evolución. Mirando a nuestro alrededor, a nuestros compromisos “ineludibles”, a nuestras necesidades “irrenunciables”, mirando a todo ese lío en el que hemos convertido nuestra vida, parece “absolutamente imposible” parar esa rueda de la fortuna que a veces nos mantiene en alto y a veces nos arrolla. Pero precisamente esa imposibilidad nos tendría que hacer sospechar  que en algún sitio hay una trampa; que algo no estamos viendo claro. Porque hubo otros que lo hicieron, hubo otros, y los hay, que van soltando el lastre como el que no quiere la cosa. Tal vez lo primero que haya que hacer sea mínimo, tan mínimo como una intención: como un pequeño y tímido “yo también quiero”; y tal vez, andando el tiempo, ese “quiero” persistente en medio de la vorágine sea el comienzo de un “yo también puedo”, un viaje inolvidable hacia la fuente de la alegría que brota en el interior de cada uno de nosotros; un viaje que, antes o después, se convierte en algo tan querido como la propia meta.

     Disfunciones de santosa: Para ilustrar las dos posibles disfunciones de santosa propongo una mirada al Eneagrama (8), y, más concretamente, a los puntos Nueve y Cuatro del mismo. El punto Cuatro, cuya pasión es la envidia, considera que todo lo que tienen los demás es mejor que lo que tiene él. Se ha identificado con una sensación de tristeza permanente, dentro de la que se siente protegido. El Cuatro vive para anhelar y la vida, sin ese continuo afán, se le antoja roma y carente de emociones, por lo que cuando satisface algún deseo no tarda en encontrar un motivo para minusvalorar lo que ha conseguido. La Idea Santa del Cuatro es el Santo Origen, y es la desconexión de él la que produce ese eterno descontento. Curiosamente, la virtud asociada al Cuatro es la ecuanimidad, una cualidad sepultada bajo su profunda sensación de desamparo y que espera pacientemente a que se desvanezcan las nubes de envidia y desdicha que oscurecen la visión real del Origen para brillar como una estrella. Por el contrario, el Nueve, cuya pasión es la pereza, compone la imagen de alguien permanentemente conforme y satisfecho tanto con una cosa como con la contraria (y frecuentemente a la vez). Se diría que ha traído de nacimiento esa ecuanimidad tan difícil de conseguir para los demás si no fuera porque de vez en cuando esa imagen se resquebraja para mostrar una profunda desesperanza, la apatía de quien renuncia de antemano a lo que está seguro de que nunca podrá obtener. A pesar de las apariencias, ninguno de los dos está realizando santosa, aunque sólo sea manifiesto en el caso del Cuatro. El contentamiento no es resignación ni apatía. Y la apatía o la resignación no se deben confundir con nekkhamma, capacidad de renuncia, porque no se puede renunciar a lo que uno no se siente capaz de conservar o de conseguir. La virtud asociada al punto Nueve es la acción justa, adecuada y espontánea, es decir la acción sátvica propia de los iluminados. La persona que vive en el contentamiento emana la alegría, la energía amorosa, la beatitud que constituyen ananda, una de las características del Ser. Este contentamiento sólo puede nacer de una profunda conexión con el Amor (la Idea Santa del punto Nueve), que hace que todo lo demás nos sobre. Si hay algo que diferencia a un asceta de un santo es, precisamente, esa alegría que el santo encarna y que el asceta busca. (9) Desde esa experiencia real de unión con lo Absoluto, todo es posible en cada instante, de manera que el deseo deja de tener sentido. Desde aquel dicho de Teresa de Cepeda, “un santo triste es un triste santo” hasta el humor bonachón con el que Eckhart Tolle habla ante miles de personas como si estuviera charlando con cada una de ellas, pasando por la sonrisa integradora de Amma, se puede comprobar que la bondad está siempre unida a una auténtica vivencia de un gozo profundo. Santosa es una de las consecuencias de ahimsa, un síntoma de que esta ha arraigado en nuestro espíritu;  y a su vez hace posible asteya, el abandono de toda codicia envidiosa.

     Frutos de santosa: La cita que encabeza el capítulo dice literalmente: “del contentamiento insuperable felicidad se obtiene”. (10) O, interpretado por Desikachar: “El resultado del contentamiento es la felicidad completa. La felicidad que obtenemos por la adquisición de posesiones es solo temporal. Hay que encontrar nuevos objetos y adquirirlos para mantener este tipo de felicidad. Es un proceso sin fin. El contentamiento auténtico, que conduce a la felicidad completa y a la beatitud, se diferencia claramente.”(11) Es, entonces, la independencia de lo externo la que diferencia esa felicidad insuperable de la pura y simple alegría causada por una buena época o un suceso puntual y perecedero. Maréchal abunda en esta idea cuando relaciona de nuevo santosa con shauca: “La serenidad, complemento por excelencia de la pureza que ella misma inspira y corrige, favorece un estado permanente de gozo interior.” (12)  Y Bernard Bouanchaud escribe en The Essence of Yoga: “El contentamiento proviene de la alegría (saumanasya) que nos induce a considerar el aspecto positivo en todos los seres y situaciones. Es muy difícil, sin embargo, mantener el contentamiento. Aunque puede ser más fácil ser feliz cuando tenemos éxito, solo seres excepcionales son optimistas en medio de corrientes adversas. Contentamiento significa contemplar cada acontecimiento con una sonrisa. En esto ayuda el buen sentido del humor.” (13) El fruto de santosa es un bien de carácter espiritual, que tiene poco que ver con las circunstancias que atravesamos y está íntimamente ligado a nuestra confianza básica, a nuestra conexión con un Origen, que es Amor, del que hemos partido para regresar.

     El sentido del humor, que es lo que ha permitido a muchas personas resistir situaciones calificadas de insoportables, es a la vez causa y efecto de ese estado de beatitud. Por eso es una de las primeras cosas que son reprimidas en los regímenes autoritarios o despóticos. Al decir sentido del humor no me refiero al sarcasmo ni a la ironía, sino a la actitud del que, en los malos tiempos, se olvida de sí mismo para aportar esperanza a los demás con su sonrisa. Lejos de los héroes de un instante, de los que para salvar el mundo lo ponen patas arriba, este tipo de heroísmo cotidiano que pasa tantas veces desapercibido, el de quienes no juzgan sino que confían, construye redes tan sutiles como indestructibles.

     Dice el Tao: “Conténtate con lo que tienes; regocíjate en que las cosas son como son. Cuando comprendes que nada te falta, el mundo entero te pertenece.” (14)

 

Santosa, La Estrella del Tarot de Marsella

La Estrella es la carta más positiva del Tarot, ya que ilustra tanto la esperanza como el optimismo, esa confianza básica de la que nos habla santosa, que se refleja en la tranquila desnudez de la figura que hace brotar agua a la luz de los astros que la guían.

 

 

Luisa Cuerda
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NOTAS:

1.- Viniyoga II, págs. 73, 74 y 87

2.- Yoga Sûtra, pág. 84

3.-Viniyoga II, pág.73

4.- Ver nota 102

5.- Las diez paramitas, o cualidades trascendentes que los budistas invocan en un mantra que Carlos Fiel nos enseñó, son: dâna (generosidad), sîla (honradez), nekkhamma (capacidad de renuncia), panya (sabiduría), vîrya (fuerza), khanti (paciencia), sacca (integridad), adhittana (perseverancia), metta (amor incondicional) y upeksâ (ecuanimidad). A las que habría que añadir  karunâ (compasión) y muditâ (simpatía por el bien ajeno), que van asociadas a las dos últimas (metta y upeksâ). Todo un programa.

6.- Viniyoga II, pág. 23

7.- El corazón del Yoga, pág.101

8.- Yogadarshana, textos en pdf, Yoga Sûtra, II.42

9.- Para el estudio de esta visión del Eneagrama sugiero dos libros: El eneagrama de las relaciones de Sandra Maitri y Facetas de la unidad. El eneagrama de las Ideas Santas, de Almaas, ambos citados con sus fichas correspondientes en la Bibliografía.

10.- “Dijo Arjuna: Késva (Krishna), ¿qué es lo que caracteriza a aquel que está establecido en la verdad y unido al Ser?, ¿cómo habla, como camina, cómo se sienta quien permanece en la sabiduría?
Krishna dijo: Partha (Arjuna), se dice que está establecida en la sabiduría aquella persona que ha renunciado a todos los deseos de su corazón y permanece feliz en su ser y por su Ser.” ( Bhagavad Gita, II 54,55)

11.- Yogadarshana, textos en pdf, Yoga Sûtra, II.42.

12.- Yoga Sûtra, pág. 90

13.- Viniyoga II, pág. 23  

14.- Yogadarshana, textos en pdf, Yoga Sûtra, II.42.

15.- Esta es la última parte del verso 44 del Tao Te Ching, que dice: “Fama o integridad: ¿Qué es más importante? Dinero o felicidad: ¿Qué es más valioso? Éxito o fracaso: ¿Qué es más destructivo? Si miras a otros en busca de plenitud nunca alcanzarás la auténtica plenitud. Si tu felicidad depende de posesiones nunca estarás feliz contigo mismo. Conténtate con lo que tienes; regocíjate en que las cosas son como son. Cuando comprendes que nada te falta, el mundo entero te pertenece.”

Luisa Cuerda es practicante de yoga y profesora de yoga por la escuela Yoga Síntesis de Barcelona. Certificada en el Post Graduate Yoga Training por Sannidhi of Krishnamacharya's Yoga, tradición de la que es estudiante permanente. Escritora y coautora del proyecto Mettacuento.

 

 
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