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Un estudio finlandés
 


Después de estudiar las posibilidades que se me ofrecen a través de mi renqueante conexión a la red, he decidido hacer de Yahoo mi página de inicio. Eso me permite echar un vistazo a las noticias mientras transcurre la eternidad que tarda el sistema en abrir mi correo. Y entre matanzas y arbitrariedades, surgen a veces titulares que por su fulgurante estupidez me sacuden del sopor en el que me sume la espera. “Un estudio finlandés”, leo por ejemplo, “muestra que las personas con mascotas fuman más y hacen menos ejercicio”.

Pero, ¿qué se entiende por ejercicio? Seguramente no lo es sacar al perro, ni agacharnos para recoger sus caquitas sin soltar la correa mientras sujetamos el cigarrillo en la comisura del labio. Hacer ejercicio será, más bien, pasar al lado haciendo jogging y riendo a pleno pulmón cuando el encadenado perro intente saltar hacia nosotros arrastrando a su agachado dueño con las caquitas en la mano.

De esta forma, el estudio finlandés nos divide en obesos bronquíticos con mascota, y atletas libres de implicaciones zoo-emocionales atendiendo a esas dos Columnas de Hércules de la Ética de Lo Banal: No Fumar y Hacer Ejercicio. Pero otro estudio igualmente delirante podría concluir que los primeros son más aptos para la convivencia y los segundos morirán solos y presos de tirones musculares. Así nos tientan con sus clasificaciones desde anónimos dominios virtuales para adormecernos, a cada uno en su bando, en un mundo tan pequeño que unas irrelevantes normas higiénicas se transforman en el Bien y el Mal de una moral de plástico. Me temo que de todos los monstruos que surgieron del ingenuo sueño de la razón, el más feroz es ese aislamiento inmaculado que nos hace tan pusilánimes.


Mientras tanto, a la vuelta de la esquina del coraje, hay otro mundo en el que podemos acertar y equivocarnos a lo grande y a lo grande vivir las consecuencias. En el que se gana y se pierde, se sufre y se goza, se cometen injusticias y se ejerce el heroísmo. Donde se trata de crecer y aprender, luchar y resistir desde el dolor pero también desde la esperanza porque allí nadie es bueno o malo del todo y para siempre.


Mientras los apóstoles de la vacuidad distraen nuestra eterna espera de todo con monográficos sobre nuestro ombligo, en el mundo real se vive.

Luisa Cuerda 
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