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Eneatipo 2: el orgullo
 

Orgullo, viejo amigo, te reconozco. Eres quien se avergüenza de recibir porque sólo estás hecho para dar, o eso crees, dar siempre, y solamente a cambio de todo. Te has vuelto sutil con los años, viejo amigo, y por eso tus artificiosos discursos aderezados con la opulencia de una entrega, no solicitada y tantas veces impuesta, consiguen fascinar a tanta gente. Sin embargo, la entrega y la contabilidad se llevan mal, incluso esa doble contabilidad que dominas y que te caracteriza; y por eso antes o después el artificio se derrumba y surge la amarga tristeza, la humillación, eso que calificas de ingratitud, el deseo desmesurado de revancha. No hay amor en eso, orgullo, viejo amigo, no hay entrega ni coherencia, como no sea la coherencia corrompida e implacable de los locos.

Orgullo, viejo amigo, eres el síntoma visible de una dolencia gravemente escondida casi desde el principio, del rencor que sucede a las frustradas fantasías de omnipotencia.

Es hora ya de que te diga, con respeto pero con firmeza, que la omnipotencia es el remedo triste del amor cuando creemos que no hay amor para nosotros. De manera que una fantasía de omnipotencia viene a ser una fantasía de amor de quien no se siente amado y se avergüenza, y quiere adquirir lo que cree que no le darán gratis porque no se lo merece.

Orgullo, viejo amigo, te necesito. Naciste para protegerme de un dolor insoportable y me muestras, en tu espejo, una imagen de poder que me ayudado a trascender mis límites. A cambio, te diré que hemos tenido siempre el amor que no creíamos merecer. No hay que lamentar esa equivocación, viejo amigo, era el requisito inevitable para nuestra amistad. Así que te pido una vez más tu empuje y tu determinación para transformar nuestras fantasías de omnipotencia en la capacidad de recibir de frente el amor al que hemos dado la espalda. Tal vez entonces, cuando me ayudes a superar el vértigo de abrirse a lo que se da sin condiciones, cuando juntos aprendamos a cambiar el merecimiento por la gratuidad, prefieras que te llame alegría.

 

Por Luisa Cuerda
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Luisa Cuerda es practicante de yoga y profesora de yoga por la escuela Yoga Síntesis de Barcelona. Certificada en el Post Graduate Yoga Training por Sannidhi of Krishnamacharya's Yoga, tradición de la que es estudiante permanente. Escritora y coautora del proyecto Mettacuento.

 

 
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