|

«El oro falso existe porque hay oro auténtico». Esta
cita que abre su libro A mitad de camino, publicado por Editorial Kairós,
es toda una declaración de principios por parte de la autora. Mariana
Caplan no reniega de la verdadera espiritualidad (su página web
se llama justamente www.realspirituality.com), pero sí nos previene
contra las decepciones y callejones sin salida que aguardan en el camino
a la iluminación, una montaña mucho más ardua de
escalar de lo que prometen la mayoría de gurús.
Mariana Caplan vive en Berkeley y, además de ser psicóloga,
antropóloga y escritora (sus libros se han traducido a doce idiomas),
imparte clases en el California Institute of Integral Studies de San Francisco.
Aterrizó en Barcelona para presentar su libro A mitad de camino,
(Editorial Kairós) y tuve la suerte de entrevistarme con ella tres
veces, la última en el restaurante Buzzing del barcelonés
barrio de Gràcia.
Con una sonrisa tan amplia como sus miras me habla de su infancia, cuando
empezó a plantearse preguntas existenciales que sus padres no eran
capaces de responder. Esto hizo que a partir de los 17 años se
implicara en una búsqueda espiritual que la llevó a convivir
con toda clase de chamanes y gurús en México, Costa Rica,
El Salvador y la India, donde conoció a su actual maestro, Lee
Lozowick.
TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A UNO MISMO
• ¿Cómo encontraste a tu maestro?
• Yo llevaba siete años viajando por el mundo en busca de
un gurú que diera respuesta a mis inquietudes. En ese camino me
llevé muchas decepciones, porque me encontraba con personas que
no tenían la sabiduría que ostentaban. Después de
todo este tiempo me afinqué en California, donde tenía amigos,
un buen trabajo, la universidad... pero seguía sin hallar lo que
buscaba.
• ¿Qué hiciste entonces?
• Decidí que debía experimentar conmigo misma, descubrir
mi verdadero corazón. Regalé todas mis cosas y, después
de una breve estancia en Inglaterra, me fui directamente a la India con
un billete solo de ida. Llegué allí con una muda de ropa
y un diario personal. Ni siquiera tenía una guía de viaje.
Estaba asustada, porque era joven y me encontraba sola en un país
extraño, pero estaba decidida a buscar.
Llegó un momento en el que sentí la necesidad de ir hacia
el sur. Intenté comprar un billete de tren, pero no había
plazas en dos meses, así que fui a la estación y cogí
el tren sin tener billete. Tuve suerte y conseguí llegar a Tiruvannamalai,
la ciudad sagrada a pies del Monte Arunachala, donde vivía un gran
santo llamado Yogui Ramasuratkumar. Allí conocí a Lee Lozowick,
que había llegado de Estados Unidos con sus discípulos para
visitar a su propio maestro.
• El maestro del que sería tu maestro.
• Eso mismo. Había conocido a tantos gurús falsos
y prepotentes, que el hecho de que este hombre, que era maestro, tuviera
a su vez un maestro me dio confianza. Me presenté y Lee me preguntó:
«De dónde eres?», yo le respondí tímidamente:
«De California, pero nací en Washington». «Menos
mal», rió, «creía que me dirías que eres
ciudadana del mundo o algo así». Vi que era un hombre libre
de las pretensiones y trampas que abundan en los círculos espirituales.
Entonces supe que había encontrado a mi verdadero maestro.
• ¿De qué manera afectó a tu vida este
encuentro?
• Cambió el curso de mi vida. Eso es lo que sucede cuando
finalmente se encuentra la verdadera senda espiritual, sea a través
de un libro, un maestro, o bien porque tiene lugar un profundo despertar
en tu interior: uno se da cuenta de que deber cambiar su vida de acuerdo
con la visión que acaba de recibir.
Después de estudiar unos meses en la India con el maestro de Lee
Lozowick, a recomendación suya, viví cinco años en
su ashram de Arizona. Luego me trasladé a Berkeley, donde resido
y trabajo actualmente. Entre medio viajé mucho y sigo haciéndolo.
• ¿Qué dijo tu maestro cuando decidiste volver
a la «civilización»?
• Sencillamente que debía encontrar mi propio destino, y
que así tendría la oportunidad de poner en práctica
todo lo que había aprendido esos años. Un verdadero maestro
siempre quiere que su discípulo disfrute de toda la libertad del
mundo.
• ¿Cuáles son las lecciones más importantes
que aprendiste de Lozowick?
• He aprendido muchas cosas bajo su dirección y como fruto
de la práctica espiritual. Son verdades sencillas, pero a menudo
las olvidamos. Aprendí, por ejemplo, que soy una persona completa
y buena, capaz de amar y ser amada. Aprendí que mi capacidad para
crecer y servir a los demás era mucho mayor de lo que yo suponía.
De hecho, fue mi maestro el primero que me sugirió que escribiera
un libro cuando tenía 25 años. ¡En ese momento pensé
que se había vuelto loco!
Me ayudó a entender mi mente, la naturaleza de los pensamientos
y las emociones, a manejar mi vida interior. También me enseñó
valores como la amabilidad y la compasión, más allá
del sueño místico de poder y trascendencia. Ha sido una
gran suerte estar cerca de alguien que ama sin condiciones, sin pedir
nada a cambio. Nadie puede andar el camino por nosotros, pero él
me ha mostrado un mapa y me guía por los parajes difíciles,
enseñándome a ayudar a otros en su camino. Y eso es un gran
privilegio.
LA CIMA DEL ALMA
En A mitad de camino, Mariana Caplan utiliza
la imagen de la montaña (cuya cumbre es la iluminación)
para hablar de los diferentes grados de sabiduría espiritual:
«Raros son aquellos que han subido a la cumbre de la montaña.
A menudo viven solos y desde esa perspectiva perciben el mundo que los
rodea (...) Constituyen un ejemplo de que la montaña puede escalarse.
Algunos viven vidas activas, recibiendo visitantes, otros acampan y no
atraen la atención hacia sí mismos.
Todavía más raros son aquellos que habiendo alcanzado la
cumbre de la montaña descienden y viven una vida de constantes
ascensos y descensos (...), ayudando a los otros a atarse las botas, llenando
botellas de agua para ellos, echándoles cuerdas, ayudándoles
en los desniveles y escalando colinas, animándoles a seguir en
los momentos de desánimo. Nunca se detienen a descansar, pues están
siempre guiando a otros a subir la montaña.»
ESPERANDO LA LUZ
• ¿Qué es realmente la iluminación?
• En los últimos años el término «iluminación»
se ha vuelto tan popular, comercial incluso, que ha dejado de ser útil.
Además, no es una meta que tenga un fin en sí misma. Es
un proceso interior que no tiene fin y que aspira a perfeccionar cualidades
como la humildad, la compasión, la ayuda a los demás, el
compromiso con la vida, la integridad. No podemos poner límites
a un proceso que es ilimitado.
• En un breve retiro que hice en un centro budista, me sorprendí
al escuchar de boca de los lamas que ellos no habían alcanzado
la iluminación. La pregunta que me hice inmediatamente después
fue: «Si ellos, que consagran toda su vida a la práctica
espiritual, no están iluminados. ¿Qué hago yo aquí?»
• Eso está relacionado con la visión que los occidentales
tenemos de la iluminación. Nos imaginamos que estar iluminado supone
entrar en un paraíso donde reina la calma y todos nuestros problemas
desaparecen. Es nuestro sueño de una vida sin sufrimiento, lo cual
no es posible. Para mí la iluminación es más bien
un cuestión de despojarse de viejas pieles, comprender y eliminar
progresivamente nuestras ilusiones y engaños, porque siempre acarrean
emociones dolorosas, y aprender a ser verdaderamente humanos.
• A veces tengo la impresión de que muchos líderes
espirituales representan más un freno al crecimiento interior que
un estímulo. ¿Qué opinas al respecto?
• No podemos generalizar en esta cuestión, porque en la senda
espiritual se encuentran tanto líderes que adormecen la conciencia
como maestros capaces de promover el desarrollo en sus discípulos.
Existen maestros que ayudan de manera decisiva a la transformación
del estudiante, pero encontrar un maestro así requiere mucho esfuerzo,
y hay que estar dispuesto a comprometerse en las prácticas que
conducen a la transformación.
En todo caso, es natural y hasta saludable equivocarse para encontrar
la verdadera sabiduría. El camino está lleno de alegrías
y sufrimientos, de avances y autoengaños. Hay momentos extraordinarios
y otros de tediosa cotidianidad. Hay que ser conciente de eso para no
desistir a mitad de la cuesta.
CINCO CONDICIONES PARA LA ILUMINACIÓN
En su último libro, Mariana Caplan recoge las definiciones de «iluminación»
aportadas por algunos de los principales maestros contemporáneos.
Puesto que apuntan a aspectos diferentes de nuestro mundo interior, todas
ellas sirven para promover el crecimiento y el bienestar personal:
1. Desarrollar la sensibilidad. Para ello, en lugar de
buscar o perseguir objetivos concretos, debemos interactuar con lo que
nos rodea de manera natural, sin prejuicios ni filtros mentales.
2. Relajar la mente. Al detener los deseos y no tratar
de forzar nuestra realidad, alcanzamos una mayor claridad y serenidad.
Si te sientas, limítate a sentarte.
3. Aceptar que todo es transitorio. Incluso la iluminación.
Si comprendemos que la vida _y nosotros con ella_ es constante cambio,
evitaremos aferrarnos a las personas y juicios para fluir armónicamente
con el mundo.
4. Entender la interdependencia. La toma de conciencia
de que no estamos solos, de que todos dependemos de todos porque estamos
interconectados, aporta la humildad necesaria para ver con nitidez.
5. Avanzar sin presiones. Por contradictorio que parezca,
la iluminación se facilita cuando no sentimos necesidad de estar
iluminados. No se trata de buscar, sino de encontrar.
CUESTIONES EXISTENCIALES
• En tus libros hablas de la importancia de formularnos
preguntas sobre cuestiones existenciales. Disculpa mi ingenuidad, pero
¿crees verdaderamente que esa clase de preguntas nos ayudan a vivir?
¿No estaríamos más tranquilos sin someter el mundo
y nosotros mismos a constante análisis?
• Sin duda es posible vivir en la más completa ignorancia,
pero así nunca conocerás la verdadera felicidad. La mayoría
de los seres humanos desean y necesitan saber quién son en realidad.
Tenemos derecho a entender nuestra mente y nuestras emociones, a descubrir
la alegría y la plenitud en nuestro interior, en medio de los vaivenes
de la vida. Por otra parte, el mundo está sufriendo unos cambios
tan importante que ya no podemos mantenernos al margen. El planeta nos
necesita para su transformación. Es casi imposible vivir sin cuestionarse
la realidad, porque no es lo que siente la gente en el fondo de su corazón.
• Aunque suene a pregunta tópica, ¿cuál
es tu definición personal de felicidad?
• Yo lo resumiría en tres puntos: desarrollarte lo máximo
posible como persona, vivir sinceramente contigo y con el mundo, y encontrar
el modo de servir a los demás.
• ¿De qué manera podemos superar el miedo a la muerte?
• Viviendo con alegría cada día y cada momento, arriesgando,
amando lo más posible. Nadie, ni siquiera lo mejores maestros,
saben qué sucederá en el momento de morir. Por eso todo
lo que podemos hacer es ocuparnos del ahora.
• ¿Cómo ves la situación espiritual
actual?
• Te contestaré con una frase que considero importante: todo
el mundo busca la verdad, pero pocos están dispuestos a pagar el
precio.
• ¿Qué consejos darías a los que se inician
ahora en la búsqueda espiritual?
• Ese tipo de camino exige paciencia y capacidad de discernimiento,
ya que en la búsqueda del fuego corremos el riesgo de quemarnos.
¿Por dónde empezar, entonces? En primer lugar, necesitamos
mirar honesta y profundamente en nuestro interior. Hay que preguntarse
qué es lo que verdaderamente uno quiere en la vida. A continuación
debemos formarnos, hay muchas maneras de hacerlo: leer y aprender de las
diferentes tradiciones y prácticas espirituales, acudir a centros
de enseñanza, ir a conferencias, empezar a practicar regularmente
la meditación básica.
Cuando llega el turno de los maestros espirituales, hay que extremar las
precauciones y no precipitarse. Pero debemos tener la certeza de que existen
verdaderos maestros que pueden ayudarnos, y nuestra tarea es reconocerlos.
Para terminar, personalmente desaconsejaría casi todo lo que tiene
que ver con la espiritualidad New Age. Es mucho más útil
y poderoso hacer las paces con uno mismo y comportarse con humanidad que
canalizar ángeles, ver auras y todas estas cosas.
|