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Siempre tras Sus huellas

 

 

Por abajo y por arriba intentamos dar con Dios. Por abajo y por arriba Dios se nos escapa. Por abajo y por arriba Dios nos sigue conmoviendo. En medio de esa búsqueda ancestral e infatigable, la ciencia comienza por fin a lanzar claros guiños a la espiritualidad. "Como es arriba es abajo, como es abajo es arriba" ha proclamado siempre el conocimiento perenne, la sabiduría eterna. Seguramente el infinito que se abre sobre nuestras cabezas semeja al que perseguiremos en las partículas cada vez más pequeñas. Todo apunta a que el bosón de Higgs, la tan mentada "partícula de Dios", aún siendo el mayor descubrimiento físico de los últimos 40 años, no deja de ser un hito más en una búsqueda sin tregua.

Aumente por lo tanto el asombro, a falta del descubrimiento definitivo. Quede la rendición más allá de una meta que difícilmente hallaremos. Quede la adhesión a lo que la ciencia espiritual, la sabiduría arcana, siempre ha pregonado: el Origen, la Causa primera, siempre se nos escapará. Tan sólo por ley de analogía e intuición podremos muy de lejos avistarLa. En lo grande y en lo minúsculo la realidad nos seguirá desconcertando. El conocimiento esotérico nos dice que la Tierra entera representa para el Logos del sistema cósmico, lo que un átomo representa para nuestro cuerpo. Encima del Logos o Dios del sistema cósmico estaría El de la galaxia, por encima Éste, El del centro galáctico superior…, así no sabemos hasta dónde. Por arriba y por abajo encontraremos sistemas en los que todo gravita alrededor de un centro luminoso. Por abajo y por arriba, en una condición u otra, siempre somos invitados a ser ese centro irradiante.

Seguiremos chocados por la sorpresa sin fin, seguiremos chocando partículas a altas velocidades en medio del Gran Colisionador de Hadrones. Seguramente habrá que seguir explorando, entre otras cuestiones, cómo se crea la masa, qué nos aguarda tras el bosón…, pero también habrá que rendirse ante un Misterio siempre desbordante, inescrutable. Nuestras más avanzadas luces aún no dan con su Presencia siempre velada. Progresemos en ciencia no más que en humildad. No en vano los nuevos descubrimientos nos procuran nuevos y más agudos interrogantes. Los científicos afirman haber descubierto la partícula subatómica que explicaría cómo se forma la materia, pero a la vez no ofrecen explicaciones sobre la diferencia de masa entre distintas partículas. Ello abre las posibilidades a la existencia de una quinta dimensión que se hallaría ahí, pero que nuestro cerebro no estaría en condiciones de captar.

Ya que no damos con Dios, ya que siempre se nos escapa entre las estrellas, ya que se escurre entre las más minúsculas partículas, siquiera interioricemos Su lenguaje de orden, de belleza, de armonía perfectos. Ya que Dios quiere seguir jugando con nuestra supina ignorancia, hagámonos siquiera con las reglas del juego. Quizás podamos ser más y más Su expresión, Su naturaleza, puesto que hemos alcanzado un hito en la comprensión de ella, tal como afirma el laboratorio europeo CERN. Quizás podamos hacernos más y más con sus principios eternos, con sus máximas inmanentes; quizás podamos imbuir la ciencia de más y más conciencia, de más y más supremo respeto, de más y más sagrado amor. Quizás ese exquisito respeto, ese elevado amor sean condición para poder alcanzar los siguientes hitos científicos que ya nos aguardan.

Los científicos profundizarán en la comprensión de la naturaleza del universo, sus propiedades, su historia, sus leyes… ; seguirán analizando las interacciones de las partículas que circulan por el Gran Colisionador del CERN, pero no sabemos si Dios se ha de manifestar necesariamente en medio de los 27 kilómetros del gigantesco túnel de Suiza; sin embargo sí de seguro en el seno del orden, la armonía y la fraternidad que seamos capaces de instaurar en la Tierra. A las puertas del mundo subatómico, deberíamos estar también en la antesala de un mundo más armonioso, justo y feliz para todas estas bolsas de células que también constituimos los humanos; conjunto de células sí, pero también "partícula de Dios", centro luminoso, que difícilmente el más sofisticado acelerador podrá encontrar.

Dicen que el CERN es la catedral del conocimiento de nuestro tiempo. Sólo nos falta altar presidiendo ese templo mayor, ese santuario planetario, por supuesto ya no a un Dios de una religión, de un credo concreto, sino a un Dios inclusivo, universal cuya faz va persiguiendo la ciencia, cuyo infinito amor van descubriendo nuestros corazones. Sólo nos falta cabeza inclinada y rodillas dobladas, sólo nos falta una contemplación cada vez más fascinada. Podemos construir gigantescos túneles, reunir miles de científicos de todas las partes del mundo, como afortunadamente ahora ya ocurre, pero quizás no deberemos olvidar que el ser humano rendido, e infinitamente agradecido está más cerca de la "partícula de Dios" que toda una vanguardia científica que aún no se desnude de orgullo.

Nos debemos al empeño ancestral de seguir Sus huellas. Podemos y seguramente deberemos fotografiar la colisión de partículas a la velocidad de la luz en el marco de costosísimos proyectos, pero bastará ascender a la montaña en estos amaneceres de verano para empaparnos de Dios, para que el Sol, Su pura y excelsa expresión, penetre e inunde de sublime gozo e inocente sabiduría hasta el último de nuestros trillones de bolsones.

 



Koldo Aldai 
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