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Hay
quien dice que el mundo es un laberinto y que nos movemos en él
a imagen y semejanza de ese otro laberinto que anida en nuestra mente.
Por eso la dinámica del mundo va tan veloz como el giroscopio de
nuestros pensamientos. Lo que encontramos en un lado es porque milimétricamente
está en el otro, el mundo es una disección cruel de nuestra
alma.
En el fondo de ese laberinto está nuestra proyección aunque
nadie sabe lo que hay allí hasta que llega. En el centro del laberinto
está la salida, es cierto, o bien están las claves que nos
permiten salir de él, lo descubriremos. Pero claro hay que llegar
hasta allí enfrentando infinidad de peligros, los vericuetos de
todo dédalo son los obstáculos que hay que enfrentar y en
cada enfrentamiento, en cada batalla aparece una herida. Aquella primeriza
imagen en el inicio del laberinto no se corresponda ya con la que se tiene
hacia la mitad, y no digamos a las puertas de resolver el acertijo de
vida que nos plantea el meandro de caminos. Por eso decimos que a cada
herida hay una pequeña muerte pero también, por sus costados
sangrientos, aparece una nueva vida insospechada.
El laberinto será un conjuro de muerte y una posibilidad de vida.
Entra lo viejo para renacer lo nuevo, entra uno “inocentemente”
para salir siendo otro, tal vez más sabio. Todas las fecundas tradiciones
han enumerado unos pocos o muchos de esos obstáculos que de verdad
se encuentran en el proceso de búsqueda. Una tradición tan
profunda y antigua como el Yoga a través de su mayor compilador,
el sabio Patanjali con su Yoga sutras nos habla del reconocimiento de
esos obstáculos que se interponen en la práctica del Yoga.
Para él la superación de esos obstáculos se concreta
en una práctica inteligente, permanente y sin interrupciones, y
una actitud de desapego que no busca las experiencias extraordinarias
que pueden aparecer precisamente con la práctica intensa.
También, es cierto, nos lo recuerda que la presencia de personas
que hayan sufrido en la vida y hayan sacado una experiencia sabia de ésta,
nos ayuda a encontrar una dirección. Los maestros tienen esa habilidad
para ponernos en situación de un mayor aprendizaje, en definitiva
para darnos claves de superación de obstáculos, ánimos
para seguir avanzando en el camino, luz sobre nuestra sombra.
Primer obstáculo
VyâdhI
ENFERMEDAD
Está claro que la enfermedad se puede interponer en nuestro camino
y práctica personal porque, de entrada, requiere de todas nuestras
energías para restablecer la salud. Una cosa será, claro
está, una enfermedad aguda, puntual o circunstancial, de otra crónica
que se despliega o se recrudece a lo largo del tiempo.
Sin embargo, el restablecer nuestra salud no implica necesariamente el
abandono de nuestra práctica. Ésta tendrá que cambiar
y adaptarse a nuestra condición física y psíquica
y aportar soluciones para nuestro vigor y bienestar.
Uno de los problemas en este obstáculo es la concepción
previa que tengamos de la enfermedad, si ésta es un error de funcionamiento
en nuestra fisiología, una somatización de nuestras tensiones
psíquicas o un desequilibrio energético en relación
con el medio, entre otras muchas concepciones. Ésta concepción
puede ser cerrada o abierta. Por tanto, saber utilizar a nuestro favor
la propia enfermedad será un gesto de sabiduría que ahondará
en nuestra propia práctica.
En la medida que consideremos la enfermedad como una crisis depurativa
y veamos al Yoga también como una disciplina que posibilita la
purificación podremos estar en sintonía y así, un
estado de enfermedad sirva para entendernos mejor, y el Yoga para curarnos
con más rapidez.
Segundo obstáculo
Styâna
APATÍA
Nuestros estados mentales y sus fluctuaciones también pueden ir
en contra del desarrollo de nuestra claridad mental. Ese clima interior,
ese estado emocional a menudo sumergido bajo nuestra conciencia cotidiana
nos influye. Podemos sentir la pereza o la pesadez en hacer algo, en continuar
nuestra práctica de Yoga. Esa cualidad tamásica de la mente
se concreta en un estancamiento mental. Nos da pereza conectar con nosotros
mismos, con nuestra vitalidad, con nuestra capacidad de acción.
Estamos inmersos en un saco de ideas fijas que nos dan seguridad, esa
falsa seguridad en la que vive el ego, y perdemos de vista la amplitud
del horizonte en el que trascurre la vida. Es una especie de letargo para
la mente que no está dispuesta a luchar por conseguir esos objetivos
deseables y nobles de los que habla el Yoga.
Si pudiéramos visualizar la torre de seguridades en la que vivimos,
contemplar nítidamente los cimientos de esa guarida del ego, nos
daríamos cuenta de que la vida fluye en otro sitio, que la vida
es inmensamente más amplia y que en la intemperie, lejos de las
falsas seguridades, se vive muy bien.
Tercer obstáculo
Samsaya
DUDA
A medida que recorremos el camino del Yoga nos encontraremos con pendientes
y recodos difíciles de transitar, cosecharemos, tarde o temprano,
un racimo de obstáculos, límites y errores a nuestro paso.
Samsaya es la duda y la incertidumbre que aparece cuando el camino se
pone difícil. Uno, tal vez, no está dispuesto a hacer más
sacrificios, o piensa que se ha equivocado de camino porque no lo tiene
claro. Es posible que aparezca otro camino que promete liberación
con menos esfuerzo, y evidentemente así no avanzamos.
La duda es una actitud que corroe nuestra esperanza. Es por ello que tenemos
que vencerla con fe y coraje.
Cuarto obstáculo
Pramâda
PRISA
Pramâda es prisa, y la prisa y la impaciencia es uno de los males
de este mundo que va tan y tan rápido, aunque no se sepa adónde.
Pero es que la prisa genera precipitación y negligencia, una manera
alocada de hacer las cosas perseguida por una imagen trepidante del tiempo
pisándonos los talones. El refrán dice que más sabe
de los caminos la tortuga que la liebre.
Tenemos en nuestro inconsciente la idea, nos lo repiten hasta la saciedad
en la publicidad, que todo es fácil, tener un coche, una casa,
lo que sea. Se nos enmascara el otro lado de la moneda, que todo requiere
un esfuerzo y que ese esfuerzo da unos frutos pero siguiendo las leyes
de la vida, con sus procesos, sus ritmos, sus tiempos, y no la ley de
ego que lo quiere todo ahora.
Si queremos alcanzar rápido una meta podremos conquistar, las paradojas
de la vida, retrocesos. Lo tenemos en la experiencia cotidiana cuánta
más prisa tenemos más nos tropezamos, más errores
tenemos y más lentos en definitiva vamos.
Sólo podremos vencer esa impaciencia cuando confiemos en que, por
el hecho de estar en el buen camino, con constancia y con corazón,
todo será hecho.
Quinto obstáculo
Âlasya
DESÁNIMO
También se convierte en un obstáculo la falta de entusiasmo.
Uno puede tener todo a su favor, medios, conocimiento, personas con experiencia
pero si falta el entusiasmo todo queda en la superficie, algo aguado,
sin sustancia.
Cuando uno se resigna a una realidad dada, a lo que ya se ha conseguido
y se deja llevar por la inercia pierde fuerza en su camino. Es cierto
que muchas veces aflora la fatiga tras un desmedido esfuerzo pues uno
no ha calculado bien sus fuerzas y tira la toalla en el primer round.
El entusiasmo es un pozo inagotable de energía, es una curiosidad
sana por el florecimiento que conlleva una práctica, una disciplina.
De alguna manera es ponerle un cachito de corazón a eso que uno
quiere hacer, a su compromiso.
Sexto obstáculo
Avirati
DISTRACCIÓN
Avirati es la distracción, y fundamentalmente esta distracción
viene de la mano de los sentidos. Lo que vemos y oímos del mundo
se vuelve tan poderoso que perdemos de vista nuestro rumbo. El mundo,
lo sabemos, es tentación, infinidad de caminos cada uno más
y más prometedor. Los sentidos son los medios de esta visión
del mundo que nos vuelve dependientes.
En definitiva la distracción es una debilidad por la que pasa el
individuo en la que hay confusión, confusión entre lo circunstancial
y lo esencial, entre el tener y el ser. Tanto el sexo como el dinero,
la fama y el poder nos atan y nos esclavizan.
Cuando queremos ver sólo la parte placentera de la vida y caemos
en un exceso de complacencia perdemos fuerza en nuestro camino, no vemos
claro. Por eso hemos de contemplar la dimensión creativa de nuestra
vida que requiere de una dirección pues en la mente dispersa, distraída
o torpe no se enciende ninguna luz.
Séptimo obstáculo
Bhrântidarsana
AUTOPERCEPCIÓN ERRÓNEA
A menudo, en nuestro camino, tenemos una falta de criterio para ser ecuánimes
en nuestro verdadero progreso espiritual. Nuestra ilusión nos hace
interpretar ciertos avances como culminación de un camino, algunos
poderes como consagración de nuestro desarrollo espiritual, y no
es cierto. En general somos víctimas de un orgullo sutil difícil
de desenmascarar. Creemos ver a Dios mismo cuando apenas hemos subido
un par de peldaños. Es aquí donde se impone la humildad,
una humildad que se gesta con la conciencia de la propia realidad, con
la validación de las medidas de control que tiene todo linaje y
con los resultados que encontramos en nuestro hacer. Ya lo decía
un gran ser, por sus actos los conoceréis.
Esta arrogancia es una visión ciega sobre uno mismo y sobre el
misterio de la vida por donde transitamos. Nos imaginamos en un pedestal
cuando en realidad estamos atados a la noria del deseo persiguiendo una
vulgar zanahoria.
Octavo obstáculo
Alabdhabhûmikatva
ESTANCAMIENTO
Es cierto que a veces uno echa una mirada hacia atrás y ve orgullosamente
todo lo que ha progresado pero también uno puede mirar hacia delante
y ver todo lo que le queda por progresar, entonces aparece el desánimo.
Descorazonados por todo lo que falta uno es incapaz de dar un paso más,
cuesta horrores caminar en nuestro sendero marcado porque cada paso tiene
el peso del tiempo, del tiempo futuro. Es precisamente el ego el que vive
en ese tiempo lineal que va del pasado al futuro sin apenas detenerse
en el presente, un tiempo que habla de causas y efectos. Y, sin embargo,
la vida nos dice que no pensemos en nuestra rentabilidad, que cada momento
es un fin en sí mismo. Pues la meta no está en un futuro
sino en el eterno presente.
Eso es precisamente lo que congela los ánimos, no ver todavía
tierra firme cuando ya estamos cansados de navegar. La falta de perseverancia
nos bloquea cuando todo parece que no avanzamos, aunque internamente se
esté cociendo un proceso fértil de crecimiento espiritual.
Noveno obstáculo
Anavasthitatvâni
REGRESIÓN
En este último obstáculo cabe la tentación de echar
todo a perder. Cuando todo lo anterior ha ido dejando poso y la motivación
ha perdido consistencia, uno puede ir marcha atrás, de golpe entrar
en una regresión y perder lo conquistado. El problema no está
tanto en esos momentos, que los hay, donde uno toma un respiro, se da
un tiempo de asueto y logra reflexionar sobre los pasos andados. Anavasthitatvâni
es la falta total de confianza que nos hunde en un pozo oscuro del cual
es cada vez más difícil salir.
Sin confianza no hay apertura y sin apertura uno no ve más que
su propia proyección, sus propios miedos.
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