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1 nivel
Nacemos en medio de una sociedad, dentro de un grupo, en medio de una
familia. De entrada ese es nuestro soporte fundamental, la raíz
a partir de la cual nos sostenemos. Vemos y sentimos a través de
los filtros culturales de nuestro grupo que nos presta una personalidad
de entrada y unas consignas a seguir.
La ley del grupo es la ley de la SEGURIDAD, una primera necesidad. Más
allá del grupo está la muerte. Es como si el
individuo que todavía está por hacer no existiera en esta
dimensión. O eres del grupo, o no eres. El ostracismo, la indiferencia,
la marginación, el rechazo, la acusación, el estigma son
terribles para cualquiera.
Sin embargo, la persona en esta búsqueda de seguridad habrá
de pagar un precio importante, ¿sumisión al grupo, estabilidad
normativa, acatamiento de creencias? Es cierto que si uno no quiere ver
más allá de esta ley, si se queda atrapado en este nivel,
podrá caer en el infantilismo (la sociedad como algo paternalista),
o en la irresponsabilidad (hago lo que todos hacen, porque me lo han mandado),
o en el anonimato y la anomia (Sentimiento de alienación o desesperación
como resultado de pérdida o ruptura de valores en una sociedad o grupo. También estado de falta de normas
dentro de grupos sociales o sociedades), si no soy aceptado.
Ahora bien, hay que sanar por un lado este nivel y trascenderlo por otro.
Sanarlo en cuanto uno agradece todo ese soporte que el propio grupo da,
la base de nutrición y educación que nos ha permitido crecer.
Hay que honrar a la propia familia porque de alguna manera (consciente
o inconscientemente) uno ha retomado un legado, pero más allá
de mi familia, todas las familias, todos los grupos, la humanidad. Alguien
inventó la rueda, muchos crearon civilizaciones, útiles
de vida, para mí, para nosotros.
Y en la prolongación de ese legado está la vida, en este
nivel estamos conectados a la fuerza vital, fuerza que nos hace sobrevivir,
que nos empuja hacia delante, que nos hace huir o defendernos con una
fuerza inusitada. Tenemos en nuestros genes una respuesta adaptativa que
viene de nuestros ancestros.
Pero también hay que trascender. El grupo te ha dado un lenguaje,
unas técnicas pero nosotros hemos venido no sólo para ser
testigos sino para hacer algo con ello. Es aquí donde vamos al
segundo nivel.
2 nivel
La ley de la tribu le pide al individuo que regenere la sociedad, sus
estructuras y sus valores. En este segundo nivel está la reproducción
ya sea de hijos, necesidades materiales o estructurales.
El ardid para esta reproducción se llama placer. Podemos decir
que la fuerza instintiva nos utiliza para reproducirnos y nos da migajas
de placer. En este nivel está el descubrimiento del mundo instintivo
de la persona y de sus necesidades básicas. Así pues el
cumplimiento de estas necesidades nos da energía y fuerza para
vivir pero también nos las puede quitar. Las adicciones hacen claudicar
al individuo y las inercias nos impiden ver claro.
La sexualidad vista de forma compulsiva nos lleva a una profunda insatisfacción.
Aquí, el otro, es mero soporte de mi deseo. La ley del deseo nos
dice sanamente a disfrutar de la vida pero sabemos que no
nos podemos quedar atrapados en este segundo nivel tanto en su defecto,
represión, el tabú y la falta de vida, de deseo, como en
el exceso, erotización y vampirismo.
La ley en este segundo nivel es la del PLACER, necesario para sustentar
al ser que hay detrás. La verdad a comprender es que todos nos
necesitamos mutuamente, todos somos interdependientes que es diferente
del ser dependiente.
En esta comprensión de que es ser humano es un ser necesitado sobreviene,
para trascender este nivel, el respeto por el otro y la comprensión
de su necesidad. Respeto también a la promesa que hacemos con el
otro cuando lo enfocamos con nuestro deseo.
El dinero como el sexo son energías muy potentes que pueden hacer
sucumbir al individuo hasta hacerle perder el alma, es decir, los niveles
superiores.
3 nivel
La ley de la tribu te da seguridad y te pide reproducción a través
del deseo y el placer., pero te pide algo más: lleva un poco más
lejo la ley tribal y conquista nuevas parcelas de bienestar para ella.
Ahora se impone el descubrimiento de la propia ley. No basta con seguridad
y placer, hace falta PODER, poder personal en la propia vida. Poder para
poner límites claros y evitar la confusión. ¿Dónde
estoy yo, y dónde tú? Poder para persistir en mi deseo,
poder para conquistar, para proteger, para mantener lo conquistado.
Aquí el centro no está en la tribu sino en el Yo. Antes
era Yo soy como Todos, ahora Yo soy Yo. Se busca
la autonomía, la independencia, la capacidad de manejarse en el
mundo que nos circunda.
Pero el ego en su propio poder se queda encerrado en su propia soledad.
Estar sólo ante un universo vacío e incomprendido. Por eso
el reto en este nivel es superar el terror de estar solo. Manejar las
riendas del poder para que el poder no te esclavice, para que el poder
no impotentice. Hay que superar el individualismo y el deseo de poseer,
la ansiedad que ello produce. Trascender este nivel es respetarse uno
mismo y en las propias decisiones. Pero estas decisiones sanamente tienen
que provenir de otro nivel.
4 nivel
Aquí se impone un salto de nivel. Hasta ahora el Yo no se ha visto
más que a sí mismo. Ha visto a la madre, al amante o su
territorio como prolongaciones de sí mismo pero ahora aparece una
frontera desconocida. En los tres niveles anteriores se ha creado el sostén
y la estructura del individuo, pero esa estructura está vacía.
En este nivel aparece el vínculo con el otro y lo otro. La verdad
que descubrimos aquí es que no estamos solos, que no somos seres
aislados sino relacionados, profundamente interconectados. Por supuesto,
el riesgo en este nivel es quedarse en la manipulación de este
mundo relacional. La trascendencia es claramente encontrar una ley superior
que es la ley del AMOR.
En esta ley hay un reconocimiento del otro como otro y por tanto, la escucha
real para que el otro entre y enriquezca sin miedo lo que yo soy. Ahora
el otro es un ser humano con su parte física y su parte espiritual.
Ya no es una prolongación de lo que yo soy ni mero soporte proyectivo
de mis miedos y mis culpas.
Para no quedar atrapado en el laberinto relacional tienes que estar puro
de corazón, libre de interés. Y eso supone que los niveles
anteriores están plenamente satisfechos.
En cada nivel hay un veneno, aquí la incapacidad de perdonar, la
espiral de odios y resentimientos. El antídoto son la esperanza
y la confianza que nos abre a un nivel superior.
5 nivel
Más allá del vínculo, más allá del
abrazo con lo que nos rodea hay que darle matices, o dicho de otra manera,
hay que darle profundidad.
Nuestra expresión propia, nuestro razonamiento debe ser vehículo
de la consciencia para que l vínculo amoroso no se encharque. Pero
si la razón nos rescata de la omnipotencia del amor quizá
nos mete en otra emboscada, las falacias de los argumentos, las cegueras
de las grandes visiones.
Por eso, aquí lo importante es la entrega de mi pequeña
voluntad a una voluntad superior. Lo que he creído que era sea
ha quedado pequeño y por eso aparece, ante el estremecimiento de
lo que me rodea por fuera y por dentro, la invocación, el canto.
La palabra ya no puede ser la expresión de una pequeña visión
sino el vehículo de una alabanza. No puede dejar de expresar un
anhelo hacia esa Realidad que lo interpenetra todo. No utilizo la palabra
para añadir más ruido, más confusión sino
para despejar y poner luz que disuelva la oscuridad.
El veneno es establecerse en la mentira, en el poder de la palabra que
vende sueños irreales, pero su antídoto es el establecerse
en la VERDAD, intuir la misión que nos tiene deparada la vida.
6 nivel
La invocación del nivel anterior prende aquí en sabiduría.
Aquí aparece la ley de la VISIÓN pero es una visión
sin juicio, es una visión directa. No es un mero mirar sino una
mirada que llega al corazón de las cosas, una mirada que discrimina
entre lo superficial y lo esencial, una mirada que no está ni fuera
ni dentro, ni en el detalle o lo global, pues está más allá,
no tiene fronteras.
Ser sabio es ser maestro en la comprensión del sufrimiento y sus
raíces, saber de la ilusión del deseo. En este nivel uno
esta en medio del mundo pero libre de sus ataduras. Aquí la acción
o la oración se convierten en contemplación. Podemos contemplar
la maravilla de la creación y entender su plan divino.
La mente y su proceso especulativo está superada por una intuición
que es como un rayo de conocimiento que irrumpe en la oscuridad y desvela
todos los contornos del ser y de su vestidura que es el universo. Uno
no trata de dar respuesta al misterio sino de vivirlo intensamente. En
una gran receptividad se puede canalizar lo sagrado como aquello que está
preñado de ser.
El veneno aquí sería el estar sumergido en la propia visión
y no saber bajar a la realidad de la vida, al bullicio del mercado.
7 nivel
En este nivel uno ya no es uno sino múltiple. El Yo de la tribu,
el ego personal se han transformado, cualquier amago de individualidad
se ha doblegado delante de la Realidad profunda que se vive. Yo ya no
soy Yo sino Eso, esa chispa del espíritu.
De la visión sabia pasamos a la realización, la culminación
de nuestro propósito secreto. La Realidad desnuda se manifiesta
como un eterno Ahora y la Creación se vuelve una danza de formas.
No hay separación, uno es con el Alma del Mundo en continua evolución.
A través del nosotros el Espíritu se hace consciente de
Sí Mismo. Por eso esta ley es la ley del ÉXTASIS donde hay
la comprensión de que la muerte no existe, sólo hay vida,
sólo Ser.
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