| Uno de los más brillantes discípulos de Freud en la Viena de comienzos de siglo, Sandor Ferenczi, escribió una obra singular llamada Thalassa para explicarse y explicarnos ciertas regresiones psíquicas que se producen en el acto de amar. Dijo, por ejemplo, que el miembro masculino se transforma imaginariamente en un pez y la vagina en océano, y que en ese medio acuático de textura ácida, cuyo Ph ácida recuerda el caldo de los orígenes, se despliegan, si uno está lo bastante atento como para percibirlo, grandes mantas invisibles de alas sincrónicas, el plancton de los sueños, radiolarios rosados como uvas, huececillos estelares, una galería entera de fantasmas pretéritos y, tal vez, también un desfile insólito de rostros posibles, los de las criaturas que estamos convocando al estrechar nuestros cuerpos. |