Como el agua

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Lo extraordinario está delante de nuestros ojos. Cada rayo de sol que riela en el agua –en las múltiples aguas- es una puerta que nos conduce a nuevas miradas. Ante nuevas miradas se abren nuevos mundos. Hay muchos mundos, hay muchas miradas, pero todos los mundos están en éste en el que nos encontramos en este preciso momento. Todas las miradas están en tus formas de ver el mundo que eres.

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El agua es uno de los elementos más abundantes del planeta Tierra. El agua está por todas partes en el cielo, en la tierra, en las plantas, en los seres vivos, en nosotros mismos. Somos básicamente agua. El agua fluye a través de nosotros de la misma forma que fluye a través de los ríos.

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Somos ríos de agua que fluyen desde un pasado inmemorable hacia un futuro insondable, rielando, brillando, riendo y llorando en la fugaz plenitud del instante presente. Breves destellos en la superficie del océano que sostiene la vida, que es la Vida.

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Aunque parezca quieta, el agua siempre está en movimiento. Aunque creamos ser el mismo o la misma, estamos siempre en movimiento, estamos cambiando instante tras instante. Somos un puro proceso de cambio, una transformación continua sin principio ni fin. Como el agua …

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El agua no tiene forma fija, se adapta a lo que encuentra. Su capacidad de adaptación la hace invulnerable. Al no tener forma fija puede adoptar cualquier forma: sólida, líquida, gaseosa, sutil … lo que parece desaparición es simplemente un cambio de forma.

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Sin forma fija, el agua carece de nombres. Las aguas que coronan de blanco las cimas de las más altas montañas, las que bajan jóvenes y estruendosas por los torrentes de montaña, las que se encuentran aquietadas en los grandes lagos espejos, las que fluyen apacibles en largas lenguas plateadas hasta fundirse en la inmensidades oceánicas, las que flotan en el azul formando majestuosas masas gaseosas, las que fluyen por nuestras venas inundando cada recodo de nuestro cerebro, cada filamento de nuestros tejidos, cada vello, cada poro de nuestra piel… Todas las agua son la misma agua sin formas fijas y sin nombres. Todas las aguas son el Agua, la Vida.

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El agua líquida ocupa los lugares más bajos de la naturaleza. El agua sólida sigue viva. El agua gaseosa lo envuelve todo creando el plasma generador de la vida. El agua es la matriz y el hilo conductor de la vida. El tejido mismo de la vida es agua.

Aunque fluye, el agua no viene ni va. Viene del agua y va al agua. No se autoperpetúa, por eso no desaparece. Es siempre agua, sin forma fija. Olvidada de sí, está presente en todo el tejido de la vida.

Piedra en el agua. La piedra también es agua, también fluye. Tan lentamente que nuestra percepción no puede aprehender su fluir. El agua de la vida fluye en la piedra dando solidez a su sinfonía de olas y pulsos.

Una gota de agua contiene cien mil mundos Nuestro mundo es una gota de agua que flota en el vacío ilimitado del cosmos insondable.

En el Libro del Tao se dice: “Nada hay en el mundo más flexible y suave que el agua, pero nada puede superarla contra la dureza y la rigidez. El agua vence a lo más duro. Lo flexible vence a lo rígido”.

Y también: “El hombre de bondad superior es como el agua. El agua, en su quietud, favorece todas las cosas. Aunque ocupa el lugar más bajo de la naturaleza es la fuente de toda vida”.

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Dokushô Villalba, 2004

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